Ausencia paterna y maltrato infantil
Lic Jorge Luis Ferrari
Mendoza
Octubre 2009
Dejar a un niño sin su padre o su madre es un acto grave de
maltrato infantil. Esto en general no figura entre las situaciones
tipificadas como maltrato, salvo en algunos escritos o sitios de Internet
en que se refieren específicamente al divorcio y sus consecuencias.
Todas las formas de maltrato que habitualmente se describen producen en
los niños/as daños variables en función de diversos
factores, especialmente el vínculo, la intensidad con que se ejercen
y su persistencia en el tiempo; pero siempre significan un atentado contra
su vida y su salud que afecta su desarrollo integral y deja secuelas en
su futuro personal. (Sitio web de UNESCO Chile)
La idea general que uno tiene del "maltrato infantil" es cuando
a los niños se los explota laboralmente, se los prostituye, se
los hace trabajar en la calle, están muy descuidados o llegan a
los hospitales con fuertes golpizas, heridas o quebraduras por alguna
paliza brutal brindada por sus padres o algún miembro del entorno
familiar.
Pues bien, es hora que veamos otro tipo de situaciones en que los niños
son violados en sus derechos más elementales y que suele traerle
aparejadas consecuencias que duran de por vida y que en general no figura
en la casuística del maltrato infantil.
Cierto es que se mencionan los problemas familiares o el divorcio de los
padres como posible fuente generadora de sufrimiento infantil, pero no
específicamente el quedarse sin padre como resultado de esa disputa
en la pareja. Esto es porque hasta hace muy poco y en muchos casos aún,
se ve como normal que en las parejas no casadas el varón desaparezca
o lo desaparezcan ante el embarazo y en las parejas casadas, el varón
sea expulsado tras el divorcio o parta sin necesidad de que lo echen.
Siempre se ha dicho que más que el rompimiento de la pareja, lo
que mas daña a los hijos es cuando éste se produce con incidentes,
peleas, violencia y cuando trae aparejado cambios en la vida del niño
que son nocivos y perniciosos para su desarrollo. De todos los daños
nos focalizaremos en aquel que significa que el niño, como consecuencia
del rompimiento de la pareja, pierde a uno de sus progenitores, en general
el padre.
Así como el maltrato vulnera derechos fundamentales, vulnerar
los derechos fundamentales es también maltrato. La Convención
de los Derechos del Niño nos dice en su artículo 7 que "el
niño tiene derecho a conocer a sus padres y a ser criado por ellos".
Y el artículo 9 nos dice que "tiene derecho a nos ser separado
de ellos, excepto por el interés superior del niño y a mantener
relaciones personales con ambos padres".
La inclusión entre los derechos del niño de "conocer
y ser criados por ambos padres" refleja el gran avance que hubo en
la concepción de la familia que se produjo durante el transcurso
del siglo pasado. Porque en las Declaración de los Derechos del
Niño de 1959 se hacía referencia a que no fuera separado
de su madre cuando esa pequeño, pero en la Convención de
1989 ya hace repetidas referencias, concretas y especificas a que los
hijos deben ser criados por sus dos padres y que deben mantener siempre
el contacto personal directo con ellos, aún cuando vivan en Estados
diferentes (art. 10).
A pesar de este avance en el reconocimiento de los derechos del niño
a nivel internacional y de haber sido estos derechos ratificados por nuestros
países y tener rango constitucional, queda mucho por hacer a nivel
de las legislaciones locales y sobre todo de nuestras costumbres y de
nuestra manera de vivir en familia.
La sociedad va evolucionando, a principios del siglo pasado era normal
explotar a los niños en plantaciones, minas, fabricas y todo tipo
de tareas, hoy no es que eso haya desaparecido pero al menos ahora es
ilegal y la sociedad toda lo rechaza como algo aberrante: los niños
tienen que estar en la escuela o jugando, no deben estar trabajando y
mucho menos siendo explotados. También hasta pasada la mitad del
siglo veinte era normal que se castigara físicamente a los niños;
no solo los padres, sino los maestros, la policía y cualquiera
que pasara cerca y no le gustara lo que el niño estaba haciendo
o diciendo. Esto hoy es también un delito y todos sabemos, al menos
en teoría, que no es bueno aplicar la violencia con los niños
(ni con nadie).
Hasta hace una década privar a los hijos de su padre no se vislumbraba
como acto de maltrato infantil, "si total quedan con la madre".
Ahora sí, nos estamos dando cuenta que dejar a los chicos sin su
padre trae consecuencias y que no se estaría protegiendo el INTERES
SUPERIOR DEL NIÑO sino haciendo prevalecer los intereses de los
adultos. Nosotros, en base a nuestras observaciones y estudios planteamos
que dejar a un hijo sin su padre no sólo es un acto de violencia,
sino que es mucho más dañino que otras acciones de las que
habitualmente se tipifican como tales, porque además cuando dejamos
al niño medio huérfano lo colocamos en una situación
de mayor vulnerabilidad frente a esos otros maltratos.
Los consultorios de psicólogos y terapeutas dan fe del sufrimiento
de los niños cuando no existe, se corta o debilita el vínculo
con alguno de sus padres. Esto repercute en los estrados judiciales, que
ya han comenzado a advertir que expulsar al padre no sólo hace
sufrir a los niños sino que trae graves perjuicios para su formación
y su desarrollo. Ya empieza a revertirse esta vieja concepción
de considerar al padre sólo como el semental y proveedor de bienes
materiales. Todos empiezan a reconocer que el padre puede no ser tan inútil
ni prescindible en la crianza de los hijos.
Los niños sufren la ausencia paterna
Si decimos que cuando hay ausencia de un progenitor hay maltrato, no
es sólo porque contraríe la Convención de las Naciones
Unidas sino porque más allá de las declaraciones internacionales,
los niños que son separados de sus padres, sufren y quedan más
expuestos a una serie de situaciones que los hacen infelices, profundamente
infelices.
En muchos casos se podrá decir que el padre partió pero
que dejó arreglada la situación económica o que siempre
pasa dinero, pero todos sabemos que la relación de los padres con
los hijos no sólo consiste en cubrir las necesidades materiales,
sino que van mucho más allá. Aunque el cheque llegue el
hijo sigue sin padre, con el enorme vacío adentro, con esa pesada
carga que significa no tener padre, con ese "cáncer"
a la autoestima de ser un hijo ignorado y sin poder enriquecerse con esa
otra persona que debería estar a su lado y no está. El niño
crecerá con cierto desequilibrio, que a veces será demasiado,
ya que a menudo la ausencia de padre trae la sobre presencia de madre.
Pero además, en nuestros países donde una buena parte de
la población es pobre y la inmensa mayoría vive con menos
de lo necesario, cuando el padre parte, poco es lo que ayuda económicamente
a los hijos que van quedando atrás. Entonces esos niños,
además de sufrir la perdida de su padre, sufren también
necesidades económicas y de todo tipo. La pasan mal. La madre debe
apechugar sola todo y para subsistir debe trabajar muchas horas afuera;
son chicos que además de sufrir carencias, pasan buena parte del
día solos o con allegados.
Hasta hace un par de décadas, estaba la idea de que a los hijos
lo único que les hacía falta era la madre, que estando la
madre todo lo demás no importaba. Entonces los hombres partían
sin mucho remordimiento o los jueces los apartaban, ya que lo dejaban
con su madre y ella se las arreglaría. Y se las arreglaban, pero
a qué costo para ellas y a qué costo para esos niños
que crecieron en medio de privaciones y carencias afectivas, materiales,
cognitivas y sociales.
En los casos de divorcio la tenencia es automáticamente dada con
exclusividad a la madre y, el padre, es reducido a una mera visita que
aporta plata y bienes. No se tiene en cuenta el sufrimiento de esos niños
que de buenas a primeras, no solo ven destruir su hogar sino que además
pierden al padre. Hoy las cosas están empezando a cambiar y la
tendencia se dirige hacia modelos en los cuales el padre mantiene una
presencia más activa con regimenes de visita amplios y, cada vez
más, otorgando la custodia compartida, como la mejor opción
para que los niños conserven a sus dos padres
Están los padres que se van solos y aquellos que quieren quedarse
y no los dejan. Son los casos en que la madre o la familia de la madre
se apropian del bebé como si fuera un objeto de su pertenencia
o una mascota. A veces el padre ni se entera que ha engendrado un hijo,
otras se lo esconden, cambian de domicilio, se van a otra provincia o
a otro Estado o le obstruyen el vínculo de diversas maneras.
Las leyes plantean que cuando un padre es inconveniente para sus hijos
deben separarlos del mismo, pues eso no sólo es para los violadores
o asesinos seriales o abusadores sino también para cualquier padre
que se separe de la madre de su hijo: automáticamente queda expulsado
del entorno de su hijo y reducida su relación paterno filial a
un par de veces por semana, en Argentina solo por divorciarse el padre
pierde el ejercicio de la patria potestad, la conserva pero pierde su
ejercicio o sea
Como decía un cartel en una movilización en España:
Señor Juez, me ha dejado la casa y los bienes pero me quitó
a mi papá.
La bendita estabilidad de los niños
Durante muchos años se mantuvo la idea de que a los niños
tras el divorcio habría que tratar de no cambiarle mucho las cosas
para que no se desestabilizaran. Entonces había que mantener su
escuela, su casa, su habitación y su almohada. Los jueces y las
madres restringían al máximo los tiempos del padre porque
eso alteraba esa estabilidad que el hijo con mucha dificultad estaba tratando
de reestablecer. Y efectivamente, quien siguiera el caso, iba a poder
ver que al niño le costaba salir adelante, hacia berrinches, se
encerraba en su pieza, no quería ir con el padre cuando venía
a buscarlo o no quería volver cuando debía traerlo, amenazaba
a la madre con irse a lo del padre o lo obligaba al padre a traerlo a
mitad de la noche, etc.
Frente a la repetición de estas escenas empezamos a ver que en
realidad la estabilidad que había perdido ese chico y lo que lo
tenía tan incomodo e irascible era que había perdido la
estabilidad afectiva y que mantener la escuela, la habitación y
la almohada servía de poco ante la pedida de su padre que ahora
era una mera visita.
Ahí se empezó a comprender que la principal estabilidad
es la de los afectos, y para un bebe o un niño esa estabilidad
empieza y termina con sus padres. De hecho hay muchas experiencias de
cómo un niño, estando con uno o con ambos padres, no tiene
miedo a nada y es voluntarioso para investigar, ya que con sus padres
presentes se considera total y absolutamente seguro. Si tiene a su padre
o madre cerca, el bebé o el niño se animará a todo;
el miedo desaparece, recibirá alegremente a extraños, recorrerá
lugares desconocidos, hará proezas que nunca hizo y podrá
cambiar de casa, de cama o almohada y dormirá tranquilo.
Por qué decimos que dejar a un hijo sin padre
constituye un acto de violencia grave
Porque el niño sufre. Se siente tironeado en una situación
que lo sobrepasa y que proviene justamente de los dos seres que constituyen
o deberían constituir su mundo, sus puntos de referencia.
Porque pierde riqueza. Pierde la mitad de su herencia o le llega en cuenta
gotas cuando el necesita todo como insumo para su rápida evolución,
el padre que no esta cotidianamente con su hijo se pierde todos esos momentos
del crecimiento en los cuales el podría haberle sido útil,
con su palabra, con sus gestos, con sus conocimientos, con su personalidad,
con su presencia, con su intermediación.
Porque siente inseguridad. Sentirse seguros es algo fundamental para tener
una niñez sana, cuando nos sentimos inseguros lo más posible
es que no avancemos, que volvamos hacia atrás, hacia lo conocido.
Es maltrato porque le vulneramos el derecho a su identidad, lo dejamos
sin la mitad de su historia y vivencia familiar, en muchos casos sin el
apellido del padre y desde el vamos con un serio conflicto con su origen.
Se trastocan además los procesos de identificación y diferenciación
propios de la constitución del yo del niño
Es maltratado porque queda desequilibrado ya que uno de las principales
funciones del padre es justamente ser quien impide que la díada
hijo - madre se prolongue y esclerose. También tenemos madres que
se aferran sus hijos para cubrir otras carencias y que al no haber nada
que lo impida ni interceda, se transforman en relaciones enfermas, como
mucho sufrimiento y que le impide al hijo trasformarse en un ser autónomo.
Cuando un padre parte y no vuelve más, obviamente que estamos ante
una situación de NEGLIGENCIA, lo cual como vimos implica desprotección,
descuido y abandono. El maltrato emocional esta a lo orden del día.
Cómo no va a sentirse desvalorizado un niño si cree o siente
que su propio padre no lo quiere. A eso le debemos agregar que a veces
del entorno familiar materno lo descalifican al niño diciéndole
que es igual a ese padre que se fue y del cual siempre hablan mal. Por
otro lado no podemos dejar de ver que depender de un solo progenitor lo
deja en una situación de extrema debilidad frente a sus temores
infantiles: así como desapareció el padre, puede desaparecer
la madre y el se quedará absolutamente solo. Esto para un niño
es aterrorizante.
En algunos casos quedan también a expensas del maltrato físico,
por parte de su madre, sobrepasada por las situaciones que debe afrontar
sola, se las agarra con los niños y aparecen los sacudones, las
cachetadas, los pellizcotes (ver estadística de violencia doméstica).
También dentro de este rubro debemos ver que frente a la sociedad
y más en muchas de nuestras barriadas más humildes, los
hijos sin padre están en una situación de cierta desprotección
que los hacen presa fácil de las cargadas de los más grandes,
de las patoteadas de las bandas, e incluso de distintos tipos de abusos
al no siempre tener quien los defienda.
También queda desacomodado socialmente. Ese vínculo enfermizo
con la madre, le trastoca toda su relación con el resto del mundo,
con el otro sexo, con sus expectativas de vida. También acá
se hace notar la carencia de padre ya que solía ser el padre el
que tiene un mayor protagonismo en sacar al hijo de la casa e introducirlo
al mundo, al exterior. Si bien los hijos sin padre ya no llaman la atención,
ni son discriminados, para uno mismo no es fácil contar su historia
cuando ésta está llena de vacíos y zonas negras.
Mencionaremos por ultimo que los niños sin padre pueden sufrir
de una situación de mayor vulnerabilidad social. Desde su mayor
precariedad económica, hasta la falta de protección social,
pasando por la disminución del control que suele darse por ser
uno el que cuida y no dos. Todo esto puede significar también una
mayor exposición a peligros, daños y situaciones no deseadas
Las consecuencias de la ausencia de padre se viene estudiando hace ya
un tiempo en especial en los países económicamente más
avanzados y en sus conclusiones suelen ligar la carencia de padre a una
serie de situaciones que a veces se repiten con demasiada facilidad y
terminan agregando una estigmatización que significa una nueva
forma de maltrato que se suma a las ya mencionadas.
Prejuicios de género, inequidades y sus victimas: los niños
Las causas por las cuales los hijos pierden a su padre es otra discusión
, pero lo importante en el trabajo que hoy presentamos es que hay niños
que sufren por el accionar de los adultos (padres, madres, auxiliares
de justicia, jueces, etc.) y que ese accionar podría ser modificado
si se privilegiara "el interés superior del niño",
que es lo que hoy establecen los pactos internacionales y en muchos casos
las legislaciones nacionales. La igualdad de género pasa por no
considerar desiguales (aunque seamos diferentes) los derechos del padre
y de la madre, ni menoscabar la necesidad que los hijos tienen de ambos
progenitores. Así como la mujer tiene derecho a hacer su vida fuera
del hogar, a realizarse profesionalmente y llevar a cabo actividades que
antes le estaban vedadas, los hombres tenemos derecho a participar en
la crianza de nuestros hijos y lo haremos con el mismo éxito, torpeza
o destreza que cualquier madre. No hay nada más desigual ante la
justicia que un padre y una madre en un tribunal de familia queriendo
ambos cuidar a sus hijos. Pues bien esto es maltrato institucional hacia
los hijos, no tiene nada que ver con el trato igualitario que todos merecemos,
refleja la existencia de prejuicios de género, que son propios
de las peores sociedades machistas, aunque sea gratamente festejado por
las feministas fundamentalistas.
A nadie parecía importarle que los hijos sufran, que los hijos
queden medios huérfanos, que guarden un sordo rencor hacia la justicia
y también hacia su madre por haberlos dejado sin padre. A nadie
le importaba que eso hijos vieran a su padre mendigando de abogado en
abogado y arrastrándose por los pasillos judiciales como si eso
no destruyera la autoestima de esos niños, junto a la de su padre.
Porque ese ningunear que la justicia suele hacer con el padre tiene por
principal víctima a los hijos.
Por último no podemos dejar de mencionar uno de los casos más
flagrantes de "abuso y maltrato infantil" que es cuando un progenitor
llena la cabeza de su hijo en contra del otro. No estamos hablando de
algún comentario al pasar sino de una practica constante y permanente,
cotidiana e insidiosa que busca eliminar del corazón del niño
cualquier vestigio de cariño hacia el otro y trasferirle todo su
odio, rencor y menosprecio hacia su ex - pareja. Esta enajenación
mental que producen en el niño y que suelen denominar "Síndrome
de Alienación Parental" (SAP)
Como verán todas estas situaciones que hemos planteado, en las
que los niños sufren, son maltratados o abusados tienen como denominador
común la ausencia de padre, que como dijimos al principio es el
mismo tipo de daño que si la ausente fuera la madre, pero como
vienen barajadas las cosas en nuestra sociedad actual, son los hombres
los que suelen ausentarse o ser ausentados. Por eso es casi incomprensible
como cuando hay padres que quieren acercarse, que quiere permanecer cerca
de sus hijos la justicia no los deja o los hijos son tomados como rehenes
y usados para extorsionarlos a cambio de bienes materiales o en venganza
por desilusiones amorosas; "vos me dejas pero a tus hijos no los
ves más"
La Convención de los Derechos del Niño también
nos dice:
"Reconociendo que el niño, para el pleno y armonioso desarrollo
de su personalidad, debe crecer en el seno de una familia, en un ambiente
de felicidad, amor y comprensión".
Debemos procurar que esto siempre sea así, estén o no los
padres en pareja o matrimonio. Ambos deben hacer lo posible para que sus
hijos crezcan en un ambiente de paz y armonía, porque eso es lo
mejor para su desarrollo. No podemos permitir que nuestros hijos crezcan
en medio de una batalla campal.
El más fundamental de los Derechos del Niño es mantener
el vínculo con ambos padres y ser criado por ellos, este derecho
es a su vez el mejor garante de que se respeten todos los otros.
Jorge Luis Ferrari
Mendoza
Octubre 2009
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