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Un nuevo problema social aqueja a la sociedad norteamericana y ya amenaza
a varios países: la ausencia del padre en la familia. Más
del 40% de los niños norteamericanos está creciendo sin
saber lo que significa tener un padre. Y sin embargo, nuevas investigaciones
que examinan qué factores influyen en la relación de los
hombres con sus hijos, han demostrado que el padre marca una gran diferencia
en la vida de los niños. El departamento de salud y servicios humanos
de los Estados Unidos es tajante en afirmar que los padres constituyen
un factor significativo en la vida de sus hijos, y que simplemente
no hay ningún sustituto para el amor, la participación y
el compromiso de un padre responsable.
Investigadores de la Universidad de Maryland hallaron que los niños
que cuentan con la figura paterna tienen una mayor capacidad de aprendizaje,
mayor autoestima y no presentan tantos rasgos de depresión como
los niños que carecen de ella. Los investigadores entrevistaron
a 855 niños de cinco estados norteamericanos. Aquellos con padres
en sus vidas fueron calificados con gran habilidad para aprender. Los
resultados no deben sorprendernos, según un experto. "Todo
lo que debemos hacer es preguntarle al pequeño con franqueza",
señaló
James Levine del Instituto de la Familia y del Trabajo. "Todos los
niños responderán que la presencia del padre marca una gran
diferencia en su vida".
Infelizmente, parece que el fenómeno hijos sin padre
o hijo sí, marido no, no es una problemática
actual solamente en los Estados Unidos y no sería exagerado afirmar
que ese vaciamiento de la figura del padre y de la paternidad podría
cambiar la faz de la sociedad en un futuro. Ya se percibe un cambio notable
con relación a la figura y el papel del
hombre en la sociedad, que empieza a ser visto como algo superfluo o molesto.
La masculinidad se mira como algo negativo, casi un delito y se trata
al hombre con sospecha e, incluso, con hostilidad, como el culpable de
todos los males de la mujer y de la familia.
Pero ¿todo niño necesita un padre? Aunque sea increíble,
muchas voces actuales contestan que no o no necesariamente.
Y, si no tener el padre como referencia ya es un problema, el no creer
que sea necesario tenerlo lo es doblemente. Y no tiene que ver con moralismos,
sino con la misma estructura antropológica de la persona humana.
Como la maternidad, la paternidad posee una dimensión biológica
(hasta ahora fundamental; simplemente no existe vida humana si no hay
fecundación del óvulo femenino por el espermatozoide masculino)
y otra social.
Aprendemos a ser personas viendo a nuestro padre y a nuestra madre. El
padre enseña el niño a ser padre: y no biológicamente
(eso se da naturalmente) sino social y antropológicamente (incluso
Margaret Mead, la famosa antropóloga americana tan citada por las
feministas, admite que el aprendizaje de la paternidad es una de las muestras
de civilización del hombre). El niño que no sabe ser
padre, no sabrá cuidar, proteger y será, presumiblemente
más violento, más antisocial. ¿No será que
la violencia doméstica que se estampa diariamente en la prensa
de hoy quizás tiene su raíz en el síndrome del padre
ausente? ¿No serán esos hombres violentos, hijos sin padre,
cómo tantos niños de ahora, que nunca han aprendido el verdadero
rol del hombre y del padre en la familia?
Padres & Hijos
Newsletter del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad
Austral
Año 1 - Nº 14 - 28 de noviembre de 2003
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