IV

Ausencia paterna y maltrato infantil

Dejar a un niño sin su padre o su madre es un acto grave de maltrato infantil.
Esto en general no figura entre las situaciones tipificadas como maltrato, salvo en algunos escritos o sitios de Internet en que se refieren específicamente al divorcio y sus consecuencias.
Todas las formas de maltrato que habitualmente se describen producen en los niños/as daños variables en función de diversos factores, especialmente el vínculo, la intensidad con que se ejercen y su persistencia en el tiempo; pero siempre significan un atentado contra su vida y su salud que afecta su desarrollo integral y deja secuelas en su futuro personal. (Sitio web de UNESCO Chile)
La idea general que uno tiene del "maltrato infantil" es cuando a los niños se los explota laboralmente, se los prostituye, se los hace trabajar en la calle, están muy descuidados o llegan a los hospitales con fuertes golpizas, heridas o quebraduras por alguna paliza brutal brindada por sus padres o algún miembro del entorno familiar.
Pues bien, es hora que veamos otro tipo de situaciones en que los niños son violados en sus derechos más elementales y que suele traerle aparejadas consecuencias que duran de por vida y que en general no figura en la casuística del maltrato infantil.
Cierto es que se mencionan los problemas familiares o el divorcio de los padres como posible fuente generadora de sufrimiento infantil, pero no específicamente el quedarse sin padre como resultado de esa disputa en la pareja. Esto es porque hasta hace muy poco y en muchos casos aún, se ve como normal que en las parejas no casadas el varón desaparezca o lo desaparezcan ante el embarazo y en las parejas casadas, el varón sea expulsado tras el divorcio o parta sin necesidad de que lo echen.
Siempre se ha dicho que más que el rompimiento de la pareja, lo que mas daña a los hijos es cuando éste se produce con incidentes, peleas, violencia y cuando trae aparejado cambios en la vida del niño que son nocivos y perniciosos para su desarrollo. De todos los daños nos focalizaremos en aquel que significa que el niño, como consecuencia del rompimiento de la pareja, pierde a uno de sus progenitores, en general el padre.

Así como el maltrato vulnera derechos fundamentales, vulnerar los derechos fundamentales es también maltrato. La Convención de los Derechos del Niño nos dice en su artículo 7 que "el niño tiene derecho a conocer a sus padres y a ser criado por ellos". Y el artículo 9 nos dice que "tiene derecho a nos ser separado de ellos, excepto por el interés superior del niño y a mantener relaciones personales con ambos padres".
La inclusión entre los derechos del niño de "conocer y ser criados por ambos padres" refleja el gran avance que hubo en la concepción de la familia que se produjo durante el transcurso del siglo pasado. Porque en las Declaración de los Derechos del Niño de 1959 se hacía referencia a que no fuera separado de su madre cuando esa pequeño, pero en la Convención de 1989 ya hace repetidas referencias, concretas y especificas a que los hijos deben ser criados por sus dos padres y que deben mantener siempre el contacto personal directo con ellos, aún cuando vivan en Estados diferentes (art. 10).
A pesar de este avance en el reconocimiento de los derechos del niño a nivel internacional y de haber sido estos derechos ratificados por nuestros países y tener rango constitucional, queda mucho por hacer a nivel de las legislaciones locales y sobre todo de nuestras costumbres y de nuestra manera de vivir en familia.
La sociedad va evolucionando, a principios del siglo pasado era normal explotar a los niños en plantaciones, minas, fabricas y todo tipo de tareas, hoy no es que eso haya desaparecido pero al menos ahora es ilegal y la sociedad toda lo rechaza como algo aberrante: los niños tienen que estar en la escuela o jugando, no deben estar trabajando y mucho menos siendo explotados. También hasta pasada la mitad del siglo veinte era normal que se castigara físicamente a los niños; no solo los padres, sino los maestros, la policía y cualquiera que pasara cerca y no le gustara lo que el niño estaba haciendo o diciendo. Esto hoy es también un delito y todos sabemos, al menos en teoría, que no es bueno aplicar la violencia con los niños (ni con nadie).
Hasta hace una década privar a los hijos de su padre no se vislumbraba como acto de maltrato infantil, "si total quedan con la madre". Ahora sí, nos estamos dando cuenta que dejar a los chicos sin su padre trae consecuencias y que no se estaría protegiendo el INTERES SUPERIOR DEL NIÑO sino haciendo prevalecer los intereses de los adultos. Nosotros, en base a nuestras observaciones y estudios planteamos que dejar a un hijo sin su padre no sólo es un acto de violencia, sino que es mucho más dañino que otras acciones de las que habitualmente se tipifican como tales, porque además cuando dejamos al niño medio huérfano lo colocamos en una situación de mayor vulnerabilidad frente a esos otros maltratos.
Los consultorios de psicólogos y terapeutas dan fe del sufrimiento de los niños cuando no existe, se corta o debilita el vínculo con alguno de sus padres. Esto repercute en los estrados judiciales, que ya han comenzado a advertir que expulsar al padre no sólo hace sufrir a los niños sino que trae graves perjuicios para su formación y su desarrollo. Ya empieza a revertirse esta vieja concepción de considerar al padre sólo como el semental y proveedor de bienes materiales. Todos empiezan a reconocer que el padre puede no ser tan inútil ni prescindible en la crianza de los hijos.

 

Los niños sufren la ausencia paterna

Si decimos que cuando hay ausencia de un progenitor hay maltrato, no es sólo porque contraríe la Convención de las Naciones Unidas sino porque más allá de las declaraciones internacionales, los niños que son separados de sus padres, sufren y quedan más expuestos a una serie de situaciones que los hacen infelices, profundamente infelices.
En muchos casos se podrá decir que el padre partió pero que dejó arreglada la situación económica o que siempre pasa dinero, pero todos sabemos que la relación de los padres con los hijos no sólo consiste en cubrir las necesidades materiales, sino que van mucho más allá. Aunque el cheque llegue el hijo sigue sin padre, con el enorme vacío adentro, con esa pesada carga que significa no tener padre, con ese "cáncer" a la autoestima de ser un hijo ignorado y sin poder enriquecerse con esa otra persona que debería estar a su lado y no está. El niño crecerá con cierto desequilibrio, que a veces será demasiado, ya que a menudo la ausencia de padre trae la sobre presencia de madre.
Pero además, en nuestros países donde una buena parte de la población es pobre y la inmensa mayoría vive con menos de lo necesario, cuando el padre parte, poco es lo que ayuda económicamente a los hijos que van quedando atrás. Entonces esos niños, además de sufrir la perdida de su padre, sufren también necesidades económicas y de todo tipo. La pasan mal. La madre debe apechugar sola todo y para subsistir debe trabajar muchas horas afuera; son chicos que además de sufrir carencias, pasan buena parte del día solos o con allegados.
Hasta hace un par de décadas, estaba la idea de que a los hijos lo único que les hacía falta era la madre, que estando la madre todo lo demás no importaba. Entonces los hombres partían sin mucho remordimiento o los jueces los apartaban, ya que lo dejaban con su madre y ella se las arreglaría. Y se las arreglaban, pero a qué costo para ellas y a qué costo para esos niños que crecieron en medio de privaciones y carencias afectivas, materiales, cognitivas y sociales.
En los casos de divorcio la tenencia es automáticamente dada con exclusividad a la madre y, el padre, es reducido a una mera visita que aporta plata y bienes. No se tiene en cuenta el sufrimiento de esos niños que de buenas a primeras, no solo ven destruir su hogar sino que además pierden al padre. Hoy las cosas están empezando a cambiar y la tendencia se dirige hacia modelos en los cuales el padre mantiene una presencia más activa con regimenes de visita amplios y, cada vez más, otorgando la custodia compartida, como la mejor opción para que los niños conserven a sus dos padres
Están los padres que se van solos y aquellos que quieren quedarse y no los dejan. Son los casos en que la madre o la familia de la madre se apropian del bebé como si fuera un objeto de su pertenencia o una mascota. A veces el padre ni se entera que ha engendrado un hijo, otras se lo esconden, cambian de domicilio, se van a otra provincia o a otro Estado o le obstruyen el vínculo de diversas maneras.
Las leyes plantean que cuando un padre es inconveniente para sus hijos deben separarlos del mismo, pues eso no sólo es para los violadores o asesinos seriales o abusadores sino también para cualquier padre que se separe de la madre de su hijo: automáticamente queda expulsado del entorno de su hijo y reducida su relación paterno filial a un par de veces por semana, en Argentina solo por divorciarse el padre pierde el ejercicio de la patria potestad, la conserva pero pierde su ejercicio o sea…


Como decía un cartel en una movilización en España: Señor Juez, me ha dejado la casa y los bienes pero me quitó a mi papá.


La bendita estabilidad de los niños

Durante muchos años se mantuvo la idea de que a los niños tras el divorcio habría que tratar de no cambiarle mucho las cosas para que no se desestabilizaran. Entonces había que mantener su escuela, su casa, su habitación y su almohada. Los jueces y las madres restringían al máximo los tiempos del padre porque eso alteraba esa estabilidad que el hijo con mucha dificultad estaba tratando de reestablecer. Y efectivamente, quien siguiera el caso, iba a poder ver que al niño le costaba salir adelante, hacia berrinches, se encerraba en su pieza, no quería ir con el padre cuando venía a buscarlo o no quería volver cuando debía traerlo, amenazaba a la madre con irse a lo del padre o lo obligaba al padre a traerlo a mitad de la noche, etc.
Frente a la repetición de estas escenas empezamos a ver que en realidad la estabilidad que había perdido ese chico y lo que lo tenía tan incomodo e irascible era que había perdido la estabilidad afectiva y que mantener la escuela, la habitación y la almohada servía de poco ante la pedida de su padre que ahora era una mera visita.
Ahí se empezó a comprender que la principal estabilidad es la de los afectos, y para un bebe o un niño esa estabilidad empieza y termina con sus padres. De hecho hay muchas experiencias de cómo un niño, estando con uno o con ambos padres, no tiene miedo a nada y es voluntarioso para investigar, ya que con sus padres presentes se considera total y absolutamente seguro. Si tiene a su padre o madre cerca, el bebé o el niño se animará a todo; el miedo desaparece, recibirá alegremente a extraños, recorrerá lugares desconocidos, hará proezas que nunca hizo y podrá cambiar de casa, de cama o almohada y dormirá tranquilo.

 

Por qué decimos que dejar a un hijo sin padre
constituye un acto de violencia grave

Porque el niño sufre. Se siente tironeado en una situación que lo sobrepasa y que proviene justamente de los dos seres que constituyen o deberían constituir su mundo, sus puntos de referencia.
Porque pierde riqueza. Pierde la mitad de su herencia o le llega en cuenta gotas cuando el necesita todo como insumo para su rápida evolución, el padre que no esta cotidianamente con su hijo se pierde todos esos momentos del crecimiento en los cuales el podría haberle sido útil, con su palabra, con sus gestos, con sus conocimientos, con su personalidad, con su presencia, con su intermediación.
Porque siente inseguridad. Sentirse seguros es algo fundamental para tener una niñez sana, cuando nos sentimos inseguros lo más posible es que no avancemos, que volvamos hacia atrás, hacia lo conocido.
Es maltrato porque le vulneramos el derecho a su identidad, lo dejamos sin la mitad de su historia y vivencia familiar, en muchos casos sin el apellido del padre y desde el vamos con un serio conflicto con su origen. Se trastocan además los procesos de identificación y diferenciación propios de la constitución del yo del niño
Es maltratado porque queda desequilibrado ya que uno de las principales funciones del padre es justamente ser quien impide que la díada hijo - madre se prolongue y esclerose. También tenemos madres que se aferran sus hijos para cubrir otras carencias y que al no haber nada que lo impida ni interceda, se transforman en relaciones enfermas, como mucho sufrimiento y que le impide al hijo trasformarse en un ser autónomo.
Cuando un padre parte y no vuelve más, obviamente que estamos ante una situación de NEGLIGENCIA, lo cual como vimos implica desprotección, descuido y abandono. El maltrato emocional esta a lo orden del día. Cómo no va a sentirse desvalorizado un niño si cree o siente que su propio padre no lo quiere. A eso le debemos agregar que a veces del entorno familiar materno lo descalifican al niño diciéndole que es igual a ese padre que se fue y del cual siempre hablan mal. Por otro lado no podemos dejar de ver que depender de un solo progenitor lo deja en una situación de extrema debilidad frente a sus temores infantiles: así como desapareció el padre, puede desaparecer la madre y el se quedará absolutamente solo. Esto para un niño es aterrorizante.
En algunos casos quedan también a expensas del maltrato físico, por parte de su madre, sobrepasada por las situaciones que debe afrontar sola, se las agarra con los niños y aparecen los sacudones, las cachetadas, los pellizcotes (ver estadística de violencia doméstica). También dentro de este rubro debemos ver que frente a la sociedad y más en muchas de nuestras barriadas más humildes, los hijos sin padre están en una situación de cierta desprotección que los hacen presa fácil de las cargadas de los más grandes, de las patoteadas de las bandas, e incluso de distintos tipos de abusos al no siempre tener quien los defienda.
También queda desacomodado socialmente. Ese vínculo enfermizo con la madre, le trastoca toda su relación con el resto del mundo, con el otro sexo, con sus expectativas de vida. También acá se hace notar la carencia de padre ya que solía ser el padre el que tiene un mayor protagonismo en sacar al hijo de la casa e introducirlo al mundo, al exterior. Si bien los hijos sin padre ya no llaman la atención, ni son discriminados, para uno mismo no es fácil contar su historia cuando ésta está llena de vacíos y zonas negras.
Mencionaremos por ultimo que los niños sin padre pueden sufrir de una situación de mayor vulnerabilidad social. Desde su mayor precariedad económica, hasta la falta de protección social, pasando por la disminución del control que suele darse por ser uno el que cuida y no dos. Todo esto puede significar también una mayor exposición a peligros, daños y situaciones no deseadas
Las consecuencias de la ausencia de padre se viene estudiando hace ya un tiempo en especial en los países económicamente más avanzados y en sus conclusiones suelen ligar la carencia de padre a una serie de situaciones que a veces se repiten con demasiada facilidad y terminan agregando una estigmatización que significa una nueva forma de maltrato que se suma a las ya mencionadas.

Prejuicios de género, inequidades y sus victimas: los niños

Las causas por las cuales los hijos pierden a su padre es otra discusión , pero lo importante en el trabajo que hoy presentamos es que hay niños que sufren por el accionar de los adultos (padres, madres, auxiliares de justicia, jueces, etc.) y que ese accionar podría ser modificado si se privilegiara "el interés superior del niño", que es lo que hoy establecen los pactos internacionales y en muchos casos las legislaciones nacionales. La igualdad de género pasa por no considerar desiguales (aunque seamos diferentes) los derechos del padre y de la madre, ni menoscabar la necesidad que los hijos tienen de ambos progenitores. Así como la mujer tiene derecho a hacer su vida fuera del hogar, a realizarse profesionalmente y llevar a cabo actividades que antes le estaban vedadas, los hombres tenemos derecho a participar en la crianza de nuestros hijos y lo haremos con el mismo éxito, torpeza o destreza que cualquier madre. No hay nada más desigual ante la justicia que un padre y una madre en un tribunal de familia queriendo ambos cuidar a sus hijos. Pues bien esto es maltrato institucional hacia los hijos, no tiene nada que ver con el trato igualitario que todos merecemos, refleja la existencia de prejuicios de género, que son propios de las peores sociedades machistas, aunque sea gratamente festejado por las feministas fundamentalistas.
A nadie parecía importarle que los hijos sufran, que los hijos queden medios huérfanos, que guarden un sordo rencor hacia la justicia y también hacia su madre por haberlos dejado sin padre. A nadie le importaba que eso hijos vieran a su padre mendigando de abogado en abogado y arrastrándose por los pasillos judiciales como si eso no destruyera la autoestima de esos niños, junto a la de su padre. Porque ese ningunear que la justicia suele hacer con el padre tiene por principal víctima a los hijos.
Por último no podemos dejar de mencionar uno de los casos más flagrantes de "abuso y maltrato infantil" que es cuando un progenitor llena la cabeza de su hijo en contra del otro. No estamos hablando de algún comentario al pasar sino de una practica constante y permanente, cotidiana e insidiosa que busca eliminar del corazón del niño cualquier vestigio de cariño hacia el otro y trasferirle todo su odio, rencor y menosprecio hacia su ex - pareja. Esta enajenación mental que producen en el niño y que suelen denominar "Síndrome de Alienación Parental" (SAP)
Como verán todas estas situaciones que hemos planteado, en las que los niños sufren, son maltratados o abusados tienen como denominador común la ausencia de padre, que como dijimos al principio es el mismo tipo de daño que si la ausente fuera la madre, pero como vienen barajadas las cosas en nuestra sociedad actual, son los hombres los que suelen ausentarse o ser ausentados. Por eso es casi incomprensible como cuando hay padres que quieren acercarse, que quiere permanecer cerca de sus hijos la justicia no los deja o los hijos son tomados como rehenes y usados para extorsionarlos a cambio de bienes materiales o en venganza por desilusiones amorosas; "vos me dejas pero a tus hijos no los ves más"


La Convención de los Derechos del Niño también dice:

Reconociendo que el niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el seno de una familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión.
Debemos procurar que esto siempre sea así, estén o no los padres en pareja o matrimonio. Ambos deben hacer lo posible para que sus hijos crezcan en un ambiente de paz y armonía, porque eso es lo mejor para su desarrollo. No podemos permitir que nuestros hijos crezcan en medio de una batalla campal.
El más fundamental de esos derechos es el mantener el vínculo con ambos padres y ser criado por ellos porque este derecho es a su vez el mejor garante de todos los otros.

Jorge Luis Ferrari
Mendoza
Octubre 2009