IV Congreso Internacional La Familia en el Siglo XXI:
"Intervención Psicosocial y Familia"
Universidad del Bio Bio
Concepción - Chile
Octubre de 2009

LA VIOLENCIA DE LOS PADRES Y LA VIOLENCIA DE VIVIR SIN PADRE

Cuando a los hijos se los deja sin padre


Lic. Jorge Luis Ferrari
Mendoza - Argentina
2009


Maltrato infantil

Si bien el tema es muy amplio tanto en lo que se refiere a las diferentes formas de maltrato como a las consecuencias en el presente y en EL futuro de los niños nos vamos a referir específicamente a dos tipos de maltrato que no suelen figurar en las declaraciones y manifiestos, pero que están muy presentes en la vida de los niños y que les causa un daño enorme. Los dos tipos de maltrato a que hacemos referencia son: la violencia de los padres con el fin de educar o corregir a sus hijos y la separación forzosa de los hijos de uno de sus progenitores, en general el padre.


El tratamiento de estos temas tiene mucho que ver con la temática de este Congreso de familia, ya que ambos maltrato se dan específicamente en el marco familiar y además tienen mucho que ver uno con el otro, como ya veremos en su momento.


Violencia educativa

A pesar de lo que su nombre pareciera indicar, no nos vamos a referir a la violencia en la Escuela, sino a la que se realiza en casa con el objeto de educar a los hijos. Durante el siglo pasado hemos logrado desterrar de las instituciones escolares la violencia con que se pretendía corregir a los alumnos. Sin embargo a nivel del hogar esta violencia, sin llegar a tener las características de antaño, sigue presente y aquí veremos como sigue siendo muy perjudicial no sólo para los niños que la padecen sino también para la sociedad toda.

Por violencia educativa entendemos aquella violencia física que se ejerce sobre los niños con el fin de educarlos. Padres que pegan para corregir algún mal comportamiento o para imponer una determinada conducta. Pueden ser cachetadas, coscorrones, chirlos en la cola, pellizcones y en algunos casos golpes con elementos contundentes: cinturones, varillas, etc.


"Te aporreo porque te quiero"

Decían mis abuelos españoles que de todas maneras pegaron mucho menos que lo que a ellos los aporrearon. Si bien públicamente el golpear a los hijos hoy esta mal visto, sin embargo sigue siendo parte de los recursos utilizados por los padres para corregir o enmendar el mal comportamiento de sus chicos.

"Un buen bofetón de vez en cuando, pone las cosas en su lugar". "Unos buenos chirlos en la cola les quitan las ganas de hacer tonteras", "Un buen coscorrón o una oportuna bofetada en la boca y la piensan dos veces antes de decir una mala palabra". "A mi no me gusta pegarles, pero a veces me sacan de las casillas".

Yo soy pedagogo, he estudiando Ciencias de la educación en Francia, en la universidad de Toulouse y en la de Burdeos, eso hace casi treinta años y luego he leído todo tipo de libros, artículos e investigaciones sobre temas educativos, he asistido a Congresos o encuentros en distintos países del mundo a lo largo de estas décadas y jamás, jamás encontré algo que justificara científicamente la violencia como método pedagógico. Si hoy gracias a esa espectacular herramienta que es Internet buscan, yo les aseguro que no encontrarán absolutamente ninguna razón científica que justifique los golpes como método pedagógico.

Pero si bien no hay razones que fundamenten la violencia educativa si las hay en cuanto a por qué se sigue llevando a cabo tan masivamente. Y estas razones uno si las escucha a menudo o las ve en casos concretos y reales

1) Uno tiende a aplicar en la educación de sus hijos lo que en su momento le enseñaron sus padres con el ejemplo. Si mis padres me pegaron yo pego, si mis padres "que me querían bien" me pegaban para corregirme, yo corregiré a mis hijos del mismo modo. Si a mi no me hizo mal y acá estoy convertido en un adulto hecho y derecho, a ellos tampoco les hará mal.

2) Los padres pegan no de acuerdo al daño que hicieron los hijos sino a lo dañados que están ellos. Si alguno de los Padres está nervioso o en el trabajo le fue mal o si esta apurado: las posibilidades de que su hijo reciba algún cachetón aumentan considerablemente. Lo mismo que a ese Padre ayer le causa gracia hoy es motivo de un bofetón. Pegan cuando vienen cruzados de la calle, pegan porque los maltrataron afuera y también pegan cuando los chicos los ponen nerviosos al no obedecerlos, al no comer o al hacer mucho alboroto.

3) El niño es el eslabón más débil de la cadena, no se pudieron desquitar con el jefe, con el gerente del supermercado que aumentó sus precios, con su cónyuge o ex cónyuge olas cosas no le salieron tal como esperaba y se descargan con los chicos.

Los padres pegan no tanto por lo que hacen los hijos sino por lo que a ellos les han hecho en su niñez o en la actualidad: en el trabajo, en la calle, en el lecho conyugal o en donde sea .

¿Qué tiene que ver esto con la pedagogía? NADA. ¿Alguien ha demostrado la eficacia de la violencia como instrumento de aprendizaje? NO ¿Los niños golpeados son más educados que los que no lo son? NO ¿Qué aprende un niño al que golpean? A GOLPEAR ¿Qué sucede en una sociedad en donde sus habitantes están cada vez más estresados y al limite de sus nervios? LOS NIÑOS LA LIGAN CADA VEZ MAS SEGUIDO Y CON PEROES RESULTADOS, PARA ELLOS Y PARA EL CONJUNTO.

¿Por qué con peores resultados?

Porque en la sociedad moderna la familia cada vez es más chica. A mi abuelo si el padre le pegaba él se refugiaba en las faldas de su madre (o viceversa) o se iba a consolar con sus hermanos, sus abuelos, tíos, primos y demás personajes que vivían juntos en la "gran familia". Eso hoy no está, ese gran continente ha desaparecido y las familias son cada vez mas chicas. ¿Adónde va a consolarse el niño que vive solo con uno de sus progenitores cuando éste esta enojado? Se dan cuenta además porque decía yo que estos dos temas (violencia educativa e hijos en hogar monoparental) estaban muy relacionados.

Al hijo que esta sólo con la madre, cuando ésta lo golpea se le termina de venir el mundo abajo. Su único afecto, su único referente en el mundo lo maltrata, le hace doler. Por su puesto que la madre le dirá, que lo hace por su bien. Que si le pega es porque él ha sido malo o porque ha hecho cosas que no debía hacer. El niño además de dolido por fuera y por dentro, quedará confundido tratando de entender como es esto de que le pegan porque lo quieren.

En este caso el niño tal vez aprenda a no hacer más eso que le trajo aparejada la golpiza, o tal vez solo se cuide de no hacerlo en presencia de su mama, pero lo que si es seguro que esta aprendiendo es a pegar cuando alguien hace algo que no le gusta y a pegar a quien sea más débil que uno.

Uno aprende con el ejemplo y la lectura del niño es a mi mama o a mi papa no le gusta que diga malas palabras y me pega cada vez que las digo, entonces cuando a mi alguien me haga algo que no me gusta también le pego y si es más chico mejor.

Detrás de cada niño que en la escuela pega a sus compañeritos es muy posible que haya alguna madre o padre que le pega a ese niño, y yo iría más allá detrás de de cada marido que pega a su esposa hay una madre o un padre que le pegaba a ese marido cuando era niño. Es ahí, en la infancia que uno aprende los patrones de conducta.

Si no queremos más mujeres golpeadas si queremos disminuir la violencia en la sociedad debemos detenernos en tanto que padres y no usar más la violencia para corregir a nuestros hijos, y mucho menos descargar en ellos las broncas que traemos de afuera o la presión que juntamos adentro.

No es que un niño al cual no le pegaron nunca sus padres no pueda también ser violento, no faltan en la sociedad ejemplos de donde ese niño pueda aprender, pero el ejemplo mas fuerte lo dan los padres y es en la más tierna infancia cuando se imprimen estas matrices de comportamiento, "si haces algo que no me gusta te pego", "te quiero pero te pego para corregirte", "te pego por tu bien".

Entonces acá tenemos las dos consecuencias de pegarle a los niños, uno el sufrimiento, la humillación y la confusión que eso causa en el presente de los chicos y por otro lado estamos perpetuando la violencia en la sociedad, estamos enseñando a responder con violencia cuando algo no nos gusta como método para tratar a los más débiles e imponerles nuestros pensamientos e intereses.


Aprendamos de la historia

Domingo Faustino Sarmiento, que es la imagen que nos quisieron trasmitir del gran educador entre sus frases celebres tenía una que decía "la letra con sangre entra" y seguramente fue una de las causas por las cuales tantos niños abandonaban la escuela sin ni siquiera aprender a leer y escribir. Pero además como decíamos más arriba, no solo los niños padecen de esta pedagogía sangrienta sino el conjunto de la sociedad. Ya que otra frase celebre del insigne maestro fue "la sangre de los indios solo sirve para regar el suelo" y su generación fue la que llevo el exterminio a los pueblos originarios en la Argentina. La campaña del desierto se basaba en apropiarse de las tierras matando a sus ancestrales habitantes, cuando estos no querían someterse a la esclavitud. Mediante la violencia no solo intento Sarmiento enseñar las letras sino que también se apropio de las tierras y sojuzgo a sus pobladores originarios.

Otro ejemplo clásico, es como países que eran famosos por la rigidez y violencia con que educaban a sus hijos a finales el siglo XIX y comienzos del XX llevaron al mundo a dos guerras mundiales, cuando intentaron corregir y someter a sus deseos a los países vecinos, estamos hablando de Austria y de Alemania.

Mientras los padres continúen pegando a sus hijos, estos continuaran interiorizando comportamientos de violencia que trasladaran a sus respectivas familias al llegar a la adultez.

Educar sin golpes no es renunciar a educar

Muchos de nosotros hemos sido educados con más o menos palizas y no terminamos en el hospital y menos aún internados en un psiquiátrico, no somos locos, masoquistas ni depravados. Más allá de que cotidianamente hay situaciones de maltrato que si terminan con niños hospitalizados y asesinados. Pero el tema no es solamente cuando a los padres se les va la mano sino que la violencia es absolutamente innecesaria para educar, porque no hace falta y porque es ineficaz. Es si un recurso simple y directo, pero que a la corta se vuelve en contra de quien la lleva a cabo.

Hoy el gran dilema de la educación es cómo poner límites a los chicos. Pues bien para esto no hace falta golpes sino ejemplo, coherencia, constancia y paciencia.

Los humanos somos eres racionales y es absurdo que para civilizar a un niño caigamos en la barbarie que significa el uso de la violencia.

Lo mejor para que le niño entienda cuales son los limites no son las bofetadas sino la coherencia, que lo que no se puede hacer hoy tampoco se pueda mañana, que si no se puede decir malas palabras los padres tampoco las digan, que si no se puede pegar a otros niños ellos tampoco les peguen.

Hay muchas maneras de hacer entender a un niño que su proceder no es el correcto, por lo pronto está la palabra y está la entonación con que dichas palabras son dichas. Los niños saben perfectamente cuando los Padres están enojados o disgustados con alguna actitud o acción que ellos han realizado. Por otro lado a los niños le gustan muchas cosas y si se les priva de alguna de ellas también entienden que es consecuencia de su mal comportamiento. Es bueno y sumamente pedagógico que ellos comprendan que cuando hacen algo que esta mal no es sin consecuencias, pero no será la cachetada rápida o la golpiza descomunal lo que lo convenza sino el sufrir las consecuencias de su error o la privación de actividades de las que habitualmente él disfruta. (castigo o consecuencias)

Esto debe ser realizado también con coherencia e inteligencia. Si a un chico que es hiperquinético como castigo por algo que hizo o dijo le imponemos que deje de ir a la actividad deportiva que normalmente va, lo que conseguiremos es que nos vuelva locos dentro de casa, Dejémosle la actividad deportiva, para que corra, grite, y gaste energías y privémosle de ver su programa favorito o de algunas golosinas. El niño necesita correr y gritar si lo privamos de esa necesidad vital, de eso se va a poner peor no mejor.

Los niños obedecen a quien los obedece, no en cuanto a sus caprichos pero si a sus necesidades básicas: dejarlo correr, jugar, gritar; ser contenido, amado, mimoseado, mirado, escuchado, consolado, etc. Quien haga todo eso con un niño seguro que logrará que le haga caso y siga sus directivas.

Pero este tipo de consejos y estrategias para educar sin violencia la pueden encontrar en muchos lugares, libros, sitios de Internet, cursos etc. No para que tomen lo que en uno u otro lugar digan como palabra santa pero si como elementos para reflexionar, para escuchar otras opiniones de gente con más experiencias o mas estudios.

Lo importare es que uno tome la decisión de no usar la violencia para criar a sus hijos y tener una batería de acciones para cuando uno siente que esta por perder los estribos, de modo tal que esta decisión no se venga abajo cuando los chicos están especialmente molestos o cuando uno tiene un mal día. Justamente para esos días son buenos los métodos que aconsejan por aquí y por allá (poner distancia, avisarles que está en un día especial o que esta llegando a su límite o llevarlos con algún pariente, etc.) Porque no se trata en principio de dar menos golpes se trata de renunciar al uso de la violencia. Entonces si nos conocemos y conocemos a nuestros hijos podemos prevenir para que la sangre no llegue al río.


Sin duda de que vivimos en una sociedad hipócrita, hoy todos estamos dispuestos a poner el grito en el cielo si una maestra le pega a un niño o si algún adulto en la calle ejerce violencia sobre menores o si el Estado ejerce represión sobre los ciudadanos o si un marido le pega a su mujer, sin embargo esa misma sociedad guarda un extraño silencio sobre los niños que son castigados por sus Padres. Estamos ante un flagrante caso de DISCRIMINACION POR EDAD, como bien dice Olivier Maurel

Como decíamos al principio no solo le estamos haciendo daño a ese niño, sino que estamos garantizando la persistencia de la violencia familiar y social. Debemos tener presente que las cachetadas que los niños y niñas reciben, tarde o temprano las devuelven, porque nadie se quiere quedar con algo tan desagradable.

Cuando le pegamos a un niño lo que realmente enseñamos es a pegar y a usar la violencia contra los más débiles. Más que la palabra es el ejemplo lo que más enseña. Debemos comprender que cuando le pegamos a un niño le estamos pegando a su futura esposa y a nuestros futuros nietos; cuando le pegamos a una niña, además de pegarle a nuestros nietos, la estamos condicionando para que acepte de buen grado la violencia conyugal, porque le estamos inculcando que le pegamos por su bien y que se lo merece por haberse portado mal.

Armarnos para la no violencia

Creo que nuestro rol en tanto que profesionales de la educación, o auxiliares de la labor familiar está en ayudar a los Padres a desandar su propio camino de violencia educativa y de ayudarlos a construir nuevos esquemas de comportamiento que les permitan criar a sus hijos sin violencia.

¿Cómo pasar del reflejo a la reflexión? ¿Cómo decodificarnos del reflejo adquirido? Tenemos que encontrar el tiempo de oponer la reflexión al reflejo a la reacción aparentemente espontánea pero en realidad teleguiada por los primeros golpes recibidos en nuestra infancia.

Recordemos que en tanto que padres, en general deseamos que nuestros hijos aprendan a controlarse y no le peguen a sus hermanitos menores o a sus compañeritos de clase, la mejor forma de lograrlo es controlándonos nosotros para tampoco recurrir a los golpes.

Algunas respiraciones profundas, desde el vientre, que tienen por efecto bajar y distender el diafragma pueden ayudarnos a "volver en nosotros mismos"

Tomar distancia del niño, irse a otra habitación o pedirle al niño que se aleje un rato o adoptar "un gesto" del cual el niño conozca su significado para decir "basta" y que ellos entiendan que uno esta al borde de no poder controlarse.

En estos casos, cuando estamos alterados, suele ser conveniente también evitar las palabras, ya que en los momentos de tensión estas pueden ser hirientes y irremediablemente descalificadoras. A uno luego se le pasa el enojo pero al niño le seguirán sonando en sus oídos todo lo que le gritaron sobre su persona.

Muchos padres se van al otro extremo de dejar que hagan lo que quieran y renuncian a imponer cualquier límite. Esto les traerá a ellos y a los niños gran cantidad de problemas y luego será la sociedad la que tendrá choques durísimos con ellos, primero la escuela y luego la calle, el trabajo, los vecinos, sus parejas, sus amigos. Porque nos e puede vivir en sociedad sin ciertos limites, sin aprender a dominar nuestras pulsiones y esta es una de las tareas fundamentales que tienen los padres. Si por comodidad, incapacidad o por alguna moda renuncian a esta función de poner limites, el niño se convertirá en un déspota que hará lo que quiera con ellos e intentará hacer lo mismo con los que lo rodean y allí comenzaran los problemas.

Creemos que la alternativa no es palizas o laxismo, creemos que el gran desafío de la pedagogía hoy, es ayudar a los padres a encontrar herramientas para educar a sus hijos sin tener que recurrir a la violencia.

A medida que avanzó el siglo XX fue también avanzando, sobre todo a partir de los '50 el lugar de los hijos dentro de la familia para pasar a ocupar un lugar central, y en los países europeos donde los hijos se transformaron en "el hijo único" se empezó a hablar del "hijo rey". Esto en principio sirvió para que los niños ocuparan un lugar más importante en nuestra sociedad, ya que venían del fondo de la historia con un papel un tanto desfavorable. Se empezaron a espaciar los golpes, se castigaron los maltratos, se comprendió que no deben trabajar ni hacer esfuerzos no adecuados a su edad, avanzó la pediatría, la educación y todo un mundo de diversiones y entretenimientos adecuados a las distintas edades. Pero esto del "niño rey" trajo sus complicaciones en cuanto a que significó en muchos casos un progresivo laxismo en el cual todo se les permite, incluido maltratar a sus padres y luego al resto de sus congéneres.

El "niño rey" fue una parte más de toda la serie de cambios que experimentó la familia y la sociedad a partir de la segunda guerra mundial, que tuvo que ver con el rechazo a la violencia con que se salió de ambas guerras, con los progresivos cambios que se dieron en los matrimonios, la aparición de la familia nuclear, en donde justamente todo rodeaba alrededor de los hijos y luego la explosión de la familia tradicional y la aparición de matrimonios o parejas que duraban cada vez menos y en donde los hijos terminaban siendo no ya el centro de la pareja sino el centro de la disputa.

Pues bien, creemos que el niño debe seguir siendo el rey hasta los tres años aproximadamente, en este periodo más que nunca el niño necesita una base de afecto, de seguridad que es lo que le permite desarrollar ese impresionante avance que cotidianamente hace y que transforma al bebé de la cuna en esos "locos bajitos" que ya hablan, corren y tratan de hacer todo igual que papá y mamá. El afecto y la seguridad que su Padres le dan, le confieren la necesaria confianza en si mismo para que avance a pasos agigantados y vaya adquiriendo todas las competencias de base para enfrentar luego al mundo con autonomía.

Si no se le ha dado su lugar, si no se lo ha escuchado, si se lo deja siempre llorar so pretexto de que no queremos que se transforme en un "niño rey", se transformará luego en un tirano. Que los niños sea el centro durante estos primeros años no es grave sino que deseable y necesario.

Cualquiera sabe que si nos ignoran, si no nos escuchan, si nunca accedan a nuestros requerimientos eso también nos violenta aunque no haya golpes ni dolor físico. Todos sabemos como daña la indiferencia, como el que no nos tengan en cuenta destruye nuestra imagen de nosotros mismos y nuestra autoconfianza. Esto para el niño pequeño es fundamental ya que él se construye en base a los otros, se construye en espejo; si sólo recibe frialdad, no esperen que luego sea un sentimental, si nadie escucha lo que tiene para decir y si nadie respeta sus necesidades no esperemos que luego él sea un defensor de los derechos del otro.

Y cuando digo acceder a sus pedidos, respetar sus necesidades estoy hablando no de los caprichos o de cosas que no sean adecuadas a su edad o a las posibilidades de sus Padres, sino de sus requerimientos básicos para crecer y desarrollarse, si pretendemos que un niño este quieto durante un largo tiempo estamos pidiéndole algo que él no puede hacer porque sus necesidades vitales le exigen moverse, si le pedimos que se quede callado un largo tiempo le estamos pidiendo algo que no puede hacer y a la vez cuando él nos pide correr, gritar, jugar nos esta pidiendo algo que tiene que ver con sus necesidades elementales, si no las satisfacemos nosotros o le damos el tiempo y lugar para hacerlo él buscara la forma de hacerlas igual o empezará un duro camino de frustración que puede derivar en situaciones no deseables.

Dejemos que los niños se expresen y que puedan expresar sus necesidades vitales, y hasta la edad de tres años lo que debemos hacer es procurar que no se lastimen ni que destruyan cosas que son valiosas para nosotros. Pero para esto mejor que andar reprimiendo o diciendo no a cada rato es prepararles un entorno seguro y sin cosas que los puedan dañar o que se puedan dañar con sus juegos y además no sacarles la mirada de encima ya que cuando comienzan a explorar, así como son tan importantes esas aventuras para su desarrollo cognitivo y físico, son también así de peligrosas para su integridad.

Edwige Antier nos dice: El bebe, luego el niño hasta los tres años, debe ser el rey. Hasta esta edad, hablar de caprichos no tiene sentido: el joven niño expresa sus necesidades a las cuales nosotros tenemos que responder. Si respondemos a ellos hasta los tres, a los ya tiene su primera mayoría de edad, donde el lenguaje se construye, entra a la escuela y toma su lugar no ya de rey sino de príncipe. El construirá un mundo en el cual su padre es el Rey, su madre la Reina y él el príncipe. Es lo que ha explicado Freud como debiendo ser la resolución del complejo de Edipo; yo encuentro mi lugar entre mi padre y mi madre. Esto lo va a ir realizando entre los tres y los cinco años. El bebé que no ha sido rey va a convertirse en tirano, porque va a querer siempre tratar de recuperar lo que no ha tenido en sus primeros años, exigirá todo y se corre el riesgo de que no salga de la casa antes de los 25 años. Lo que yo critico mucho del discurso peyorativo sobre el niño-rey, es que no hagan diferencia entre las edades: la edad de las necesidades y aquella donde se llega a la conciencia. No es lo mismo en edades diferentes.

Los padres están en plena metamorfosis, ellos buscan su rol porque se los ha acusado de renunciar o dimisionar y por todos lados se escucha e que la causa de todos los males de la sociedad es que los padres ya no ponen limites a sus hijos.(aquí nos separamos de Edwige ya que ella mantiene una concepción de los roles del padre y la madre, de la mujer y del hombre propios de principios del siglo 19 aunque a veces se le escapa y logra avizorar que los padres pueden hacer algo más que hace 100 años.

La mejor forma de educar a un niño es respetarlo y atender sus necesidades. Estas necesidades, como decíamos recién son vitales para su desarrollo, por eso gritan tanto y hasta se violentan cando no se las tiene en cuenta. Hay que seguir el ritmo y el desarrollo de los niños a medida que van creciendo y hay que respetar sus tiempos, El problema es que los tiempos del los niños no coinciden con los de los padres y ese es uno de los puntos de conflicto más habituales.

Hasta los tres años la palabra más escuchada por los niños es NO, luego es "APURATE". Apúrate para levantarte, apúrate para vestirte o déjame que te vista rápido, apúrate para desayunar, apúrate para ir a la escuela, apúrate para comer, para hacer los deberes, para salir del baño y para juntar los juguetes o para bañarte y para acostarte. "Un ser en desarrollo , al que no le dejamos tiempo ni para soñar, que no tiene tiempo de divertirse en el camino, no es un "niño rey" es un niño al que estamos violentando". (EA) Ellos se tienen que acomodar a los tiempos y ritmos de los adultos, de su trabajo, de la escolaridad, etc. y esto a veces no les resulta fácil ( si no lo es para loas adultos imaginémonos para un niño).

Los hijos necesitan algo que para nosotros es muy valioso, nuestro tiempo. Los niños requieren tiempo no solo para cuidarlos o atenderlos sino que necesitan tiempo de ellos para procesar todo lo que van experimentando, Todo lo que están aprendiendo, todo lo que les está sucediendo. Gran parte del enojo de los chicos no es tanto por lo que no se les da sino porque se los vive empujando, sienten que siempre los están presionando a dejar de hacer algo y empezar a hacer otra cosa. Esta bien hacer que los niños vayan avanzando pero es fundamental respetar sus ritmos, sus tiempos. Gran parte del malestar de los niños viene de ahí, de que los vivimos empujando, tironeando y pidiéndoles que se apuren.

Nadie pretende que el mundo en general y el de los padres giren al ritmo de los niños (aunque tal vez fuera un mucho mejor), nosotros tenemos nuestras obligaciones y también tenemos nuestras necesidades vitales, pero comprendamos a los niños y tratemos de respetar en la medida de lo posible sus tiempos y sus espacios. De eso se trata cuando se dice que son sujetos y no objetos. Son sujetos, personas con vida propia, con necesidades internas que marcha a un ritmo que no es necesariamente el de los otros, y no respetárselos los violenta, como nos violenta a nosotros que no nos respeten nuestros tiempos, o no nos sentimos avasallados cuando esto ocurre.

Decía también Edwige "Un niño sobre cinco está en situación de fracaso escolar. Yo me ocupo de los recién nacidos y puedo afirmar que no hay un bebe sobre cinco al cual su cerebro no le funcione bien".

Hay poca o ninguna adecuación de la escuela a los niños., Por otro lado puede haber mala preparación de los chicos, en cuanto a que vienen con un desarrollo del lenguaje deficiente, no comprenden las palabras, se expresan mal y entonces prefieren hacerlo con su físico; se convierten en hiperactivos, pegan, maltratan a los demás. Cuando uno está incomodo o enojado, es común que trate mal a quienes lo rodean, bueno lo mismo sucede con los niños. Si ellos están mal, tratan mal y si encima en su casa han aprendido a desquitarse con los demás, dando gritos o golpes, no hay ningún motivo para que no traslade esos comportamientos a la escuela. Y allí comienza un circulo vicioso, el niño que viene molesto de la casa, molesta en la escuela y entonces la maestra lo reta y los otros niños lo apartan, luego los Padres lo vuelven a retar en la casa y lo castigan y así llega al otro día a la escuela, más enojado y comienza a quedar rezagado con respecto a sus compañeritos y es objeto de burlas y se pone más violento. Es una historia repetida y conocida.

¿Cómo se sale de esa situación? Con golpes, no. Hay que desarmar la bomba. Al niño seguramente no le gusta pegar, pega porque está a disgusto. Si busca molestar es porque él está molesto; busquemos las causas y en esto la concurrencia del conjunto familiar a un terapeuta puede que sea necesaria.

Para prevenir este tipo de desavenencias nada mejor que dejar que el niño se exprese, y respetar sus necesidades, para que no vaya acumulando broncas, para que no tenga necesidad de descargar con violencia sus angustias o deseos reprimidos, para que no busque desquitarse con los otros de las cosas que le hacen o le dejan de hacer en su casa.

Uno, como adulto, no puede estar siempre disponible para los niños, pero si cuando puede lo hace seguramente tendrá "crédito" para que el niño entienda cuando uno no puede atenderlo como él necesitaría. Si uno le dice "esperá que terminó esto y luego hago lo que me estas pidiendo", y el niño sabe que uno cumple, seguramente no hará un berrinche, ahora si el niño "sabe" que cuando me desocupe de lo que estoy haciendo me ocuparé en otra cosa y seguiré postergándolo, seguramente montara en cólera y no nos dejara hacer nada que no sea escuchar sus gritos y su rabieta. Si nosotros respetamos sus tiempos le enseñamos a respetar los nuestros. Si nosotros respetamos sus actividades le enseñamos a respetar las nuestras.

Esta no es una cuestión idílica, en que todo marcha bien en un marco de respeto y armonía. No también a veces hay peleas, enojos y gritos pero solo a veces, y esta es la diferencia. Para el niño en crecimiento es fundamental. Que a veces no hagan lo que él quiere puede soportarlo, lo que no soporta es que nunca le hagan caso o que sólo le presten atención para retarlo o mandarlo a dormir, comer, hacer los deberes…

"Te pego por tu bien", "te pego porque te quiero". Eso es muy difícil de digerir por parte de un niño y cuando lo hace es porque aprendió, pero lo que aprendió es a golpear a solucionar a golpes sus problemas.

Tenemos que hacer que obedezcan sin necesidad de llegar a los extremos de golpear o castigar. Como digo es muy importante esto de tener crédito, no sólo en el sentido de que nos crean sino también en el sentido de que tengamos ganado su respeto y su confianza para que aunque no entienda que eso es por su bien igual lo haga porque somos nosotros los que se los decimos y él ya sabe que actuamos por su bien. Por eso es tan malsano que le peguemos por su bien, como no va aquedar confundido y molesto.

Cierto es que parte del crecimiento es enfrentarse a frustraciones, pero no es lo mismo ver frustradas sus aspiraciones de vez en cuando y estando contenido por sus seres queridos que andar de frustración en frustración y que una de ellas justamente sea sentirse abandonados o dejados de lado por su entorno familiar.

Justamente el rol de los padres es que el niño controle sus pulsiones en particular las agresivas, eso significa frustraciones, y los hijos cuando están contenidos por sus padres las van superando sin mayores dificultades. Pero esto obviamente no se hace a los golpes, porque sino la confusión cunde por la insalvable contradicción entre las palabras y el ejemplo, siendo este último el que lleva las de ganar.


Desde el punto de vista de los niños

Es bueno recordar que pensaba uno de los golpes que nos daba, y que resultado real daban como correctores de conductas. Esto que sin duda funciona en las instituciones de tipo carcelario y ejercito funciona en base a la saturación le dan tantos golpes que uno termina realmente aterrorizado de las palizas y se cuida de no hacer nada que pueda provocar nuevos castigos, pero no creo que nadie piense que con eso uno se ha educado, simplemente se cuida de no hacerlo delante de los guaridas o superiores y a la primera de cambio les devuelven los golpes recibidos.

Pero debemos preguntarnos que esta sucediendo con un niño de esos que parecen "buscar la paliza" lo más posible es que este buscando de llamar la atención por no conseguir de parte de sus padres otra manera de que se interesen por él, o tal vez de tantos golpes recibidos ya no le hacen mella y no le importa que le peguen con tal de tener el placer de verlos fuera de si, o quiere frente a sus hermanos u otros hacer ver lo valiente y duro que es por recibir las palizas y no acusar recibo.

De todos modos como decíamos al principio muchos hemos recibido palizas y aparentemente somos normales, y efectivamente muchos niños que a pesar de ser golpeados, conservan su equilibrio, no repiten los golpes en otros y salen adelante sin mayores inconvenientes, pero en estos casos el niño encuentra en otros personajes ese equilibrio y la ternura necesaria para no quedar resentido, haciéndole además tomar distancia y lograr hacer la reflexión de que él no hará lo que no le ha gustado que le hicieran.

El tema es os que no han recibido cariño de nadie más, los que están solos con el progenitor golpeador y que no tienen en el entorno nadie con la suficiente fuerza como para contrarrestar ese ejemplo negativo.

Debemos tener en cuanta además que la violencia y sus efectos son mayores mientras más chico es el niño. Pensemos en los bebés que son sacudidos cuando lloran y los padres agotados los recursos para calmarlo pierden la paciencia. Estas sacudidas son motivo de muerte o de graves alteraciones físicas de las cuales antes se ignoraba por completo su origen. El bien más preciado de un bebe es el vinculo con sus padres, sin ellos él muere, que puede ocurrir en la cabecita de ese bebe si de quien recibe los cuidados también recibe golpes. Si lo trata con agresividad, a si se empieza a relacionar con el mundo, pronto la realidad del otro se convierte en la propia, porque así es como aprenden los bebes, en espejo. SOMOS GRANDES IMITADORES, por eso hablamos, caminamos y nos comportamos como lo hacemos.


¿Cuáles son los principios para guiar a un niño sin golpearlo?

Los principios son simples y al alcance de todos, la dificultad puede estar en la puesta en práctica.

La educación sin violencia se resume en tres palabras: RESPETAR AL NIÑO

Tratar al niño como a nosotros nos gustaría que nos traten, tratarlo como nos hubiera gustado que nos trataran de niño.

Lo esencial de lo que el niño aprende, lo aprende en espejo, por imitación.

No aprende lo que nosotros queremos enseñarle sino lo que nosotros hacemos.

Si queremos que aprenda a amar, amémoslo
Que sepa expresar ternura, seamos tiernos con él
Que respeto a los demás, respetémoslo
Que sea paciente y tolerante, seamos pacientes y tolerantes con él
Que no sea violento ni ahora ni de grande, no seamos violentos con él
Que se transforme en una persona autónoma, respetemos al máximo su autonomía

No es necesario ser especialista para entender esto.


¿Dónde está la dificultad?

La dificultad de la educación viene del hecho que vivir con un niño, sobre todo si es despierto y activo y/o si vivimos en condiciones difíciles, puede ser no solamente fatigante sino francamente agotador, Con más razón si son varios hijos y más aun, si la madre, más habitualmente que el padre, es la única en ocuparse de ellos.

Esto suele traer aparejada una serie de dificultades, cansancio agobio y hasta una gran frustración por no quedar tiempo para las cosas de uno o para las que uno quisiera hacer.. Por más que se ame a los hijos, su cuidado a veces significa una gran frustración para otros de aspectos de la vida de quien los tiene a cargo.