CRIANZA COMPARTIDA COMO RESPONSABILIDAD PARENTAL

Seminario Internacional de Familia
Universidad el Bio-Bio
Cponcepción
CHILE
2 Y 3 de Noviembre de 2006

 

Lic. Jorge Luis Ferrari (*)
Argentina

 

 

CRIANZA COMPARTIDA
COMO RESPONSABILIDAD PARENTAL


En la especie humana, los hijos vienen al mundo absolutamente desvalidos. Son sus padres quienes deben estar allí para superar esa situación. Por eso decimos que son los hijos y sus necesidades de protección, los que gestan a los padres. Nadie nace padre.

¿Por qué ambos padres?

Porque desde el principio ese niño ha sido posible gracias a la labor mancomunada del aporte del óvulo y del espermatozoide, los 24 cromosomas de uno y otro, trabajando de manera permanente y constante han gestado el huevo o cigoto, luego el embrión, el feto y el niño. Pero ahí no termina todo, al menos no para el niño, que sigue necesitando del aporte de ambos padres, de esa bipolaridad que le dio la vida, de esa alternancia entre el aporte paterno y materno.

¿Qué aprende el hijo del padre?

Aprende todo, todo lo que ese padre es. Todo lo que en tanto que hombre de esta especie tiene a trasmitir. Toda su historia, y la de su familia, lo cual constituye parte fundamental de la herencia de ese chico. Más todo aquello que un padre por acción u omisión, con el ejemplo y con la palabra tiene para ofrecer. Y esta enseñanza tiene una característica muy especial, que es el vínculo. Por eso no es lo mismo que lo haga otro. Uno, como pedagogo, sabe de lo crucial que es en la enseñanza, la calidad del vínculo que se establece entre el profesor y los alumnos. Cualquiera sea la historia de esa relación padre-hijo, nadie negará que es una relación de peso, de mucho peso; así sea negativo, por ausencia, por inconstancia o por mal ejemplo. Los psicoanalistas se han cansado de escribir sobre la importancia que tienen los vínculos primarios, del padre y de la madre, en toda la formación de la personalidad de cada uno de nosotros y de toda nuestra estructura psíquica. Durante muchos años el padre es el héroe a imitar, a alcanzar, a emular, a superar, Batman, Superman, los Power Ranger pasan y el padre queda, al menos hasta la adolescencia, luego es otro el rol a jugar. Para las niñas el padre es su primer y más fiel admirador, y es el príncipe que la salva de todos los dragones, es su incondicional. El Edipo en los chicos, Freud lo descubre, pero no lo inventa, es una realidad muy fuerte y muy trascendente para nuestra vida psíquica.

Nuevos padres: los presentes y los ausentes

Las nuevas camadas de padres que paternan, que no sólo están cerca de sus hijos, sino que comparten (en mayor o menor medida) la crianza, establecen una calidad de vínculo, que antes se daba en muy contadas ocasiones, porque los varones tenían por costumbre mantenerse lejos de sus hijos, ni hablar de cuando ni siquiera se conocían. ¿Qué es lo que observamos en nuestra sociedad en el siglo 21? Por un lado los padres paternan más, pero también cada vez menos gente se casa, cada vez, esos que se casan se divorcian más y por otro lado hay más hijos nacidos fuera del matrimonio y fuera de parejas estables, a lo que debemos agregar la moda de tener hijos solas y la progresiva institucionalización de los hogares monoparentales. Todo esto nos da como resultado, que infinidad de hijos crecen sin padre y dejémoslo bien en claro, nosotros podemos ser todo lo moderno que queramos, la sociedad puede tener las modas que se nos ocurran, pero los hijos y las necesidades de su crecimiento son siempre las mismas: afecto, nutrición, protección de la intemperie y une padre y una madre. Que no solo le aseguren lo anterior, sino que además le posibiliten un crecimiento equilibrado y le brinden la mayor cantidad de herramientas para construir su persona y su futuro.


Cuál es la función del padre

Los profesionales de la psiquis plantean que el padre representa la autoridad, permite la interiorización de la ley, de los límites a respetar y tiene también un rol en la construcción de la identidad sexual del niño. También lo han reconocido como el "tercero" que impide una fusión demasiado grande entre la madre y el hijo. Pero recién en los últimos tiempos empiezan a ver que el padre significa mucho más que esa imagen tutelar o simbólica.

Jean Le Camus (Psicólogo y Psiquiatra de niños y de adultos) nos dice que está demostrado que si el padre esta bien presente junto al niño, su rol es ser un abridor de caminos, un catalizador para la toma de riesgos. Si es capaz de jugar con él, de luchar; si se coloca en rival, si gentilmente lo desestabiliza, el padre puede ser un acicate sumamente importante, para ir más allá de sus límites conocidos. Lo prepara así para enfrentar y superar las dificultades, los obstáculos y los conflictos, para la edad escolar y también para la vida.

Lo que los investigadores ven cada vez más claro es que lo que aprende un hijo de su padre es a manejarse como persona en su entorno inmediato, a que los otros también son personas y tienen iguales derechos que él; aprende a ser leal en el juego (el "fair play") y a distinguir entre ganar bien y ganar haciendo trampa. Lo inicia en las reglas del juego social, en el cual el niño es uno más y no tiene los privilegios que tiene en el hogar, en donde está protegido.

Desde ya, que nadie piensa que estos aportes son exclusivos del padre (hace ya décadas que la mujer no está recluida en su casa o sin mayores contactos con el exterior) o que todos los padres lo realicen en igual medida; los resultados de estas investigaciones marcan tendencias que se observan, más allá de la situación particular en cada pareja.

Le Camus nos dice que en las observaciones realizadas ven como las madres encuentran su placer en la relación dual, en el cara a cara con el hijo. Los padres lo encuentran, orientando el bebé hacia otras personas, hacia otras cosas: herramientas, juguetes, animales, árboles, etc. Les amplían el entorno, los vuelven más sociables, menos asustados por los "extraños"; y luego, al crecer, más aptos para competir y para compartir con los compañeros de juego o de la escuela.

Su madre lo trata en bebé, le llama con diminutivos: pipi, titi, bebote, muñecote; lo sobreprotege, trata de que se quede cerca de ella y si fuera posible que volviera al vientre (tengan dos meses, dos años o dos divorcios). El padre lo trata en grande, lo llama por su nombre, anticipa el discurso, emplea palabras más difíciles, más precisas, más técnicas. Obliga al niño a repetir y a reformular sus dichos, para hacerse comprensible.
Podríamos decir - exagerando- que su madre no quiere que crezca, porque siente que lo pierde, que se le irá. Mientras que el padre lo empuja para que crezca, lo quiere grande ya, porque quiere hacer cosas con él o con ella.

Ambas actitudes son necesarias para que el bebé, el niño y el adolescente crezcan, porque el ir hacia adelante requiere afirmarse hacia atrás, avanzar y retroceder y volver a avanzar. De este tipo de cosas hablamos cundo hacemos referencia al equilibrio que da al niño la presencia de ambos padres. El hijo necesita que lo empujen y necesita que lo acunen.

En cuanto a la ya conocida función del padre de ser el tercero que evita o interrumpe la fusión, Didier Dumas siguiendo el camino ya emprendido de Evelyne Sullerot, Christiane Olivier, Aldo Naouri, Genevieve Delaisi de Parseval y otros, nos dice que la salud mental del niño es indisociable de depender de otro tutelage que el de la madre. Este Psicoanalista plantea que el equilibrio mental del niño depende del vínculo con su padre, y que le será muy difícil al niño dejar de ser sólo el bebote de la madre, tener personalidad propia, si no esta su padre presente y actuando.

La construcción mental del niño depende tanto del padre como de la madre y depende también de lo que suceda entre ellos, de cómo ellos se comprometen en su crianza, más allá de cuales sean sus lazos maritales. Un padre ausente suele significar una sobrepresencia materna, que intenta contrarrestar el peso de dicha ausencia.

Aldo Naouri nos dice que el padre juega un rol fundamental, "que es el contrapunto absoluto del que juega la madre. El rol de la madre, que ha comenzado con el embarazo, es dar satisfacción a todas las necesidades del niño. Lo cual es absolutamente necesario en los primeros meses de vida donde el niño no tiene ninguna autonomía, pero que se torna nocivo en el largo plazo. El rol del padre es interponerse entre la madre y el hijo, romper la lógica de esa relación fusional. Él es quién lo ayuda a dejar el refugio, que prepara al niño al mundo y lo apremia para avanzar, el padre es el muro donde este niño apoya la escalera para saltar hacia la vida" (Femme acuelle N 684).

Cuando hablamos de que el padre evita la fusión madre-hijo, a fin de que éste pueda surgir con personalidad y vida propia, debemos entender que para cumplir esa función hay que estar instituido de un poder, de un sustrato afectivo de tal potencia que lo haga equiparable al poder materno. Ese es única y exclusivamente el padre, los hijos no dan esa potencialidad a cualquiera que acierte a pasar cerca. Pero, para tener ese poder, debe ser un padre implicado en la crianza, no ser un padre simbólico que mira de lejos.

Cuando no está el padre

Perder a cualquiera de sus progenitores es algo muy pesado para cualquier niño y cuando sólo se debe a la mala voluntad de uno o de ambos padres, la situación en que queda el chico es por demás precaria y dolorosa. Su autoestima queda averiada de por vida. La falta de confianza en si mismo por el desafecto y la injusticia que ha sufrido, lo deja en una situación de desamparo interno y externo que lógicamente intentará compensar de una manera u otra. Solemos encontrar una suerte de rechazo hacia el resto del mundo, "que no le dio lo que a todos les da". Esto suele generar actitudes muy individualistas, de aislamiento, de agresión, de inestabilidad y de celos. A su vez la presencia de un sólo progenitor tiene como consecuencia una dependencia afectiva, difícil de superar. La mayoría de las veces, con el tiempo, aparece un ingrediente que resulta muy desestructurante, y es cuando el progenitor presente es visto con algún grado de responsabilidad y/o culpa en la desaparición del otro. Al vacío del que se fue, se le suma el rencor con el que está.


La tarea de padre, al igual que la de madre, es cotidiana.

Las funciones de padre no se pueden cumplir desde la eterna distancia. Dijimos que la necesidad hace a los padres, preguntémonos a qué necesidad de su hijo puede responder alguien que los ve un fin de semana cada dos. Quienes hemos criado hijos sabemos, cuántas veces en una tarde, un hijo nos pueden llamar para mil cosas diferentes. Todas importantísimas para ellos, por banales que nos parezcan a nosotros: están pidiendo los materiales y herramientas para continuar con su tarea de crecer.

Nos llegan a gastar el título de papá o mamá a fuerza de repetirlo, a cada rato: "papá mira lo que hice", "papá alcanzame aquello", "papá abrime esto", "papá dónde esta tal cosa", "papá: ¿sabés que quiero que me compres?", "papá quiero jugo", "papá poneme los dibujitos en la tele", "papá juguemos", "papá ¿por qué esto?" y "papá ¿por qué aquello?" y ciento dos "papá mirá lo que hago" más. ¿Dónde mete el chico todos esos "papá" cuando éste no está durante semanas enteras? En los casos de los padres con régimen de visitas, cuando van a buscar a su hijo, es muy posible que no salga ninguno de estos "papá", porque los niños aprenden muy rápido a bloquear lo que les hace daño. Es más, es en esas edades, que nacen los bloqueos y negaciones más perdurables y corrosivos.


La bipolaridad, la alternancia, el equilibrio

Cuando hablábamos de alternancia, estamos hablando de comunicación con dos polos igualmente activos, de lo contrario se produce un desequilibrio que tendrá su lógico correlato en el niño, la hiper-función de madre viene junto a la atrofia de la función de padre. Los niños y los adolescentes necesitan imperiosamente para su desarrollo equilibrado que el padre no sólo esté, o cumpla las funciones simbólicas que lastimosamente le reconocía el viejo psicoanálisis, sino que necesita su participación constante, su opinión y su cariño.

Quienes son criados por un sólo progenitor corren el riesgo de quedar demasiado encerrados por la personalidad del mismo: los miedos, fantasmas e ilusiones del adulto terminan siendo los del niño y esto produce en él angustias adicionales, porque carga con todo un bagaje que no le es propio, que no lo termina de entender que oculta y sofoca su propia vida interior. Los fantasmas ajenos son muy difíciles de manejar. Las misiones a cumplir de generación en generación, son mucho más acuciantes cuando hay un solo progenitor, porque no hay nadie que contrarreste el mensaje heredado, y a veces son misiones pesadas que pasan de una generación a la siguiente: que no haya hombres (o mujeres) en la casa, estados depresivos, envejecimientos prematuros, abandono del cónyuge o de los hijos, alcoholismo, suicidio, etc. Cuando están ambos Padres, la historia, las ilusiones y los fantasmas de uno pueden contrarrestar y equilibrar los del otro. Si el padre quiere que estudie abogacía y la madre medicina, es muy posible que termine estudiando lo que él mismo realmente quiera, sea sociología o mecánica de autos. Y esta es la idea, que el niño tenga su propia personalidad, en la cual habrá elementos de ambos, pero que pueda "alternativamente" apoyarse más en uno que en otro, elegir de uno y de otro, protegerse de uno en el otro y así ir creciendo con ambos a los lados y con ninguno encima.

Es entre las diferencias de ambos que el hijo irá creciendo con sus propias ideas; es, entre las fantasías, ilusiones y temores de uno y otro que él irá construyendo su propia vida. Por eso, la ausencia o el silencio de uno de sus dos progenitores, lo deja a expensas de la omnipresencia y omnipotencia del otro.

La presencia de ambos Padres es lo que permite al niño y a la niña vivir naturalmente estos procesos de identificación y diferenciación. Cuando uno falta, o carece de significación por sobre presencia del otro, este equilibrio se trastoca en perjuicio de la personalidad del hijo o hija.

El padre se involucra más

Cuando los hijos viven bajo el mismo techo, muchas veces los padres (varones) no pasan demasiadas horas con sus hijos exclusivamente. El hecho de compartir la vida diaria y cruzarse todo el tiempo, saberse y escucharse cerca, a veces, hace que no compartan momentos especiales.

Cuando el hogar se rompe y la pareja se separa, si ese padre no tiene la custodia, lo tradicional era que vaya desapareciendo y pase a ser una "visita" en todo el sentido de la palabra. En la práctica el chico se criará sin padre e irá perdiendo la fuerza de ese vínculo. Igualmente como consecuencia de esta situación se produce lo que el Psicólogo Nelson Zicavo denomina Síndrome del Padre Desvastado. Muchas veces ese padre, alejado forzosamente de sus hijos, cae en situaciones de depresión o en todo un juego de denuncias, acusaciones y violencia, y en esa vorágine difícilmente pueda cumplir su rol de padre cabalmente. No es que el padre y/o la madre estuvieran locos, los puso locos esa situación al ser mal manejada. Perder los hijos es un trauma enorme para cualquier progenitor. Pero en nuestra sociedad enloquecer por la pérdida de un hijo le está solo permitido a la madre, al padre no.

Algo que solemos olvidar es que el rol de padre y madre se juega preponderantemente en la intimidad y esto es algo a lo cual las "visitas" no suelen tener acceso. De ahí que el padre, sin tenencia, o sea sin cotidianidad, sin intimidad, va perdiendo significado, se va diluyendo irremediablemente. Por eso, si queremos que no haya padres desaparecidos o insignificantes, tenemos que terminar con la tenencia unilateral.

Con la Crianza Compartida, el padre debe hacerse cargo de sus hijos del mismo modo que la madre y así pasará muchas horas exclusivas con sus hijos, muchas más que durante el matrimonio. Y eso es bueno para todos.

Una de las respuestas que surgen en los estudios llevados a cabo, es que en la Crianza Compartida los chicos encuentran a sus padres más disponibles para ellos que antes, no sólo el padre, sino también la madre, que tal vez antes podía estar dedicada a ellos, pero sin prestarle mucha atención a lo que ellos tenían para decirle.

Y toquemos un tema álgido de las separaciones, el dinero. Yo pregunto si tenemos un padre comprometido con la crianza de sus hijos, que está con ellos dos, tres o cuatro días por semana, que sabe de sus adelantos y problemas en la escuela, que va y viene con ellos a todos lados y tenemos otro padre que los ve una tarde de cuando en cuando y un fin de semana sobre dos, sin ni siquiera poder pernoctar, cual de los dos padres creen ustedes que puede llegar a presentar problemas con el dinero.

La madre puede vivir su vida.

Una de las quejas más habituales de las madres es que su "trabajo" la requiere las 24 horas del día y todos los días de la semana, y que eso no deja tiempo ni ganas para hacer un montón de cosas que a ellas les gustaría hacer. Pues bien la Crianza Compartida ofrece una ventaja enorme en este aspecto, ya que ambos padres pueden dedicarse a lo que ellos quieran o necesiten, en el tiempo que su hijo está con el otro progenitor. Y si algún día, que está con sus hijos, se le pelan los cables, puede llamar al padre y decirles por favor, ven a buscarlos, que estoy a punto de matarlos.

Esa madre que estaba dedicada a sus hijos, al principio los extrañará y se sentirá perdida, vacía, pero pronto encontrará como reinvertir el tiempo en su vida personal. Esto a su vez le da oxigeno a los hijos que no sienten sobre sus hombres el peso de ser la única razón de la existencia de su madre.

Sacarse el miedo de que el padre le van a robar a su hijo o de que éste va a dejar de quererla; darse cuenta de que es tan padre uno como otro, que ella no es dueña de su hijo y de que ambos tienen su propia vida, va a ayudarla a tener una relación sana con sigo misma y con su hijo, y le liberará un montón de energías que podrá destinarlas a su propia vida.

Las madres se alivian al tener con quien repartir la carga. Es muy pesado, no sólo en lo cotidiano, sino en cuanto a la responsabilidad de tomar decisiones que pueden beneficiar o perjudicar a los hijos de por vida y no tener con quien compartir dicha carga. Quienes crían a un hijo en soledad, saben de qué peso estoy hablando y de los reiterados momentos de angustia, que esa soledad trae. En general las madres solas, tienen a sus propios padres o a familiares o amigos en los que se apoyan, pero ellas mejor que nadie saben como, a menudo, cunde la zozobra, sin encontrar quién comprenda cabalmente la situación que en esos momentos vive ella con sus hijos. Sus padres son de otra generación, los familiares y amigos tienen sus propios problemas y no siempre pueden estar disponibles para las desventuras de nuestros hijos. Las funciones que poseen la pareja parental, son demasiado para una persona sola.

Si a veces las madres terminan siendo tan obsesivas, es por la relación de dependencia que se ha instaurado con sus hijos. Un bebé, un niño de dos, tres y cuatro años es muy demandante, uno no los puede perder de vista un minuto, en el momento en que uno se descuida, pasa una desgracia o está al borde de…(la mayor tasa de mortandad entre el año y los cinco es por accidentes hogareños). Cualquiera que ha estado solo a cargo de un bebe, sabe que tiene la horas de sueño contadas, que a veces no puede ni ducharse tranquilo, que su vida social se restringe (o desaparece) y, de sus posibilidades de trabajo, ni hablemos. Este estado de vigilia, cuando uno esta solo y se prolonga en el tiempo, genera desequilibrios que pueden ser considerables y que se evitan si esa madre tiene con quién compartir esa responsabilidad y esas labores. Lo mejor es que ese ayudante sea el padre desde un comienzo y no sólo en situaciones excepcionales, sino cotidianamente.

Hay varones que están muy cómodos en su situación "simbólica" o de mero "proveedor" y tienen la conciencia tranquila ya que la madre se encarga de cuidar sus hijos. Creo que nosotros tenemos que sacudir un poco a estos padres lejanos y hacerles comprender que los hijos nos necesitan cerca. Y que ellos tienen todo lo necesario para cuidarlos, y lo que no sepan lo aprenden, como hacen, con mayor o menor suerte, las madres.

Los hijos descansan de ambos padres

Pero no sólo descansa la madre. Una de las maravillas de tener a ambos padres cerca es que los hijos descansan de ambos padres. Los hijos pueden alternativamente apoyarse en uno u otro. Todos hemos visto como nuestros hijos, según lo que necesiten recurren al padre o a la madre, de ciertas cosas hablan con uno, para ciertas cosas lo busca al otro. Cuando un padre esta ocupado o alterado o no disponible pueden recurrir al otro, esto los hace sentir contenidos de manera constante y este no es un dato menor.

Por otro lado, estar siempre con un mismo padre pude resultar fatigoso y más considerando que en los hogares monoparentales se suele vivir situaciones muy cargadas emocionalmente. Cuando el hogar sólo contiene un progenitor y un hijo, el grado de obsesiones y fijaciones es altísimo. Muchas veces, los hijos resultan aplastados por estas situaciones tan densas, o apenas salidos de la adolescencia, escapan poniendo distancia. Esto cambia radicalmente cuando el hijo tiene a sus dos padres, con los cuales comparte su vida y le permite cambiar de aire cuando el ambiente se enrarece.


Permite construir el "área protegida" alrededor de los chicos

Más que el divorcio en si lo que más destruye a los hijos es la pelea entre los padres. Para atenuar estos daños hemos propuesto al separarse crear una "área protegida" alrededor de los hijos. Los padres dejan afuera sus historias de pareja, sus rencores, caprichos y deseos de venganza y entran al "área protegida" exclusivamente con la camiseta de padres.

La Crianza Compartida es ideal para ello porque permite conservar la familia (para el hijo) y establecer una nueva comunicación entre los padres, a efectos de ir solucionando los problemas cotidianos, de mediano y largo plazo que van surgiendo. La clave del éxito es que, cada uno, cuando encara alguno de esos problemas, tenga como consigna favorecer al chico y no sucumba a la tendencia de querer molestar o vengarse de su ex-pareja. En esto, la grandeza y la generosidad son los ingredientes permanentes. Suena utópico, tratándose de ex-cónyuges, pero es realista y posible tratándose de padres que buscan lo mejor, para lo que más quieren en su vida. Este sacrificio de ser buena persona "con quien tanto daño nos hizo" tendrá en lo inmediato importantes beneficios: la sonrisa y el bienestar de nuestros hijos, que es lo único que importa.

Esta propuesta de generar un "área protegida" esta ampliamente desarrollada en nuestro libro "Ser padres en el tercer milenio", y el principal beneficio del "área protegida" es que permite salir del círculo vicioso en que solemos caer los padres tras la separación o el divorcio.


Conservan a la gran familia

Es de suma importancia, además, que el niño conserve el contacto con las dos ramas de su árbol genealógico ya que esto es esencial para su construcción (Gerard Poussin, Anne Lamy, "Réussir la garde alternée"). Las familias paterna y materna dan al niño un continente más amplio, más rico y más profundo, amplían sus bases de sustentación y suelen facilitarle su salida al mundo.

Mi vida no hubiera sido la misma sin mis abuelos. Buena parte de lo que soy, de lo que a mi me gusta, de lo que hago y de lo que no hago, es por mis abuelos. Para otros esos roles los jugaron los tíos, los primos, o todos en su conjunto.
Renglón aparte son los hermanos. ¿Cuántos casos conocemos de hijos de distintas madres o padres y que por disputas entre los progenitores esos hermanos no se conocen, no se frecuentan o les han contagiado sus odios? Si hay un vínculo que es mágico, es el de los hermanos, que además por cuestiones biológicas suele durar mucho más que los padres y abuelos. Pues hay veces que además de extirparle al padre, le extirpan el o los hermanos con la excusa de que son solo medio hermanos, como si se pudiera ser medio hijo por el hecho de llevar sólo la mitad de los cromosomas del padre o de la madre.

Yo vivo en Mendoza, una zona semidesértica, esto significa que hay algunos lugares en que hay agua y otros, el 95 por ciento del territorio, en que uno no encuentra una gota. A los que nos gusta, solemos dar largas caminatas de uno o dos días y llevamos agua, la mayor parte del peso que transportamos es agua. Calculamos unos tres cuatro litros por jornada, y no llevamos más por el peso que eso significa. Cuando a un niño se lo priva de su familia, de su gran familia yo siento como si los largaran al desierto con apenas un litro de agua. Lo privan de sus abuelos, un par de cantimploras menos, de sus tíos otra menos, primos y así…No va a morir, pero va a sufrir lo suyo, se deshidratará y tendrá menos fuerza, menos defensas, menos recursos. La vida le será más difícil, menos placentera.


La crianza compartida es excelente si los padres han logrado superar sus conflictos

Así nació, de padres que se ponían de acuerdo en que ambos seguirían criando a sus hijos y teniendo una presencia y una responsabilidad similar. Esto puede ser así cuando los padres se comportan como adultos responsables, que priorizan el interés de los hijos por sobre sus rencores y egoísmos.

Para ello deben separar la pareja conyugal en disolución, de la parental y consolidar esta última generando espacios de coordinación en los cuales puedan conversar sobre lo que más conviene a los hijos, lo que recién denominábamos "área protegida". Si pueden hablar sin temores y logran establecer una relación de confianza y de respeto mutuo, los inconvenientes, no ya de la crianza compartida, sino los propios que la vida nos depara en tanto que padres, encontrarán una vía de tratamiento adecuada, en la cual ambos discutirán qué hacer y tomaran las medidas que sean mejor para los hijos.


La Crianza Compartida es especial para los padres en conflicto

Hay quienes creen que la residencia alterna solo sirve si hay acuerdo y buen entendimiento entre los padres, sin embargo consideramos que cuando hay conflicto es cuando más se necesita garantizar la presencia de ambos padres. Si hay antagonismo, el padre que tiene la custodia suele obstruir el vínculo del otro hasta hacerlo desaparecer. Allí entran los casos de alienación parental, de padre desvastado, de secuestro de niños, de denuncias cruzadas: falsas o verdaderas, de judicialización de la relación, y terminan en un espiral de violencia con consecuencias atroces para los niños.

Si no hay acuerdo de partes, el juez puede dar un tiempo para que los mediadores logren un acercamiento. Si continúan sin ponerse de acuerdo, el mismo juez puede establecer la Tuición Compartida, en base a los estudios sociales de cada caso. Lo importante es que ninguno de los padres pierda el vínculo, al contrario, éstos deben resultar fortalecidos y para ellos el Juez puede instar a ambos padres, a que pongan todo el esfuerzo y el cariño que tienen por sus hijos, para que la Crianza Compartida funcione. Puede plantearles que si la hacen fracasar no le quedará otro camino que otorgar la custodia a un solo padre y será al que mejor garantice respetar los derechos del otro. Con esto él o la beligerante quedan desarmados, porque si no deponen las armas, la tenencia la tendrá el otro.

Los mediadores trabajan con metodologías especiales, para ir disminuyendo la intensidad de los conflictos, el valor de la Tenencia Compartida es que mientras el conflicto subsiste, los hijos no pierden a ninguno de sus padres. Además, en su misma puesta en práctica, puede traer aparejado un progresivo entendimiento, cosa que no ocurre cuando uno solo tiene la guarda y el conflicto se cristaliza. Al no estar ya en juego la tenencia de los hijos, hay un problema menos que disputarse en los tribunales y se aplacan los ánimos.


Se puede adecuar a la edad de los niños y a las vicisitudes de la vida

Si logramos tener un nivel de coordinación y comunicación con nuestra ex-pareja en relación a todo lo que haga a los chicos, no habrá problemas en conversar las distintas situaciones que deriven de las necesidades específicas de los hijos a medida que van creciendo y pasan por sus distintas etapas.

Sentirse y reconocerse "igualmente responsables" es lo esencial, luego los detalles del acuerdo y los posibles cambios a medida que crecen los chicos, o se modifican las circunstancias, son accesorios. Hay quienes hacen una cuestión de principios que la división del tiempo sea exactamente 50 % cada uno, yo pienso que la cuestión de principios pasa por asumir en conjunto la responsabilidad de la crianza, los detalles deben arreglarse para conveniencia de los chicos y cuidando de no debilitar ninguno de sus lazos parentales.

Tras la separación, la estabilidad es imprescindible para crecer

Durante mucho tiempo, cuando los padres se separaba, los psicólogos aconsejaban y los abogados, jueces y leyes repetían, que convenía producir la menor cantidad de cambios posibles en la vida del chico: conservar su casa, su dormitorio, su cama, sus horarios, el barrio y por supuesto la madre, sin importar cuan lejos se fuera o se expulsara al padre. La tristeza y desestabilización que sufrían los hijos a pesar de mantener todo estable, llamó la atención de los terapeutas y de los estudiosos del tema. La repentina o gradual ausencia del padre y sus consecuencias aparecía con reiterada persistencia.

Cuando se hablaba de las necesidades de estabilidad del niño sólo pensaban en su cama o en las paredes de la casa. El hogar, la familia es mucho más que eso. Estamos hablando, no de ladrillos sino de afectos, de contención psicológica, de confianza en si mismo, de sentirse seguros para avanzar, de sentirse queridos e importantes para los suyos, de eso estamos hablando. Y en un momento especialmente sensible, como lo es cuando sus padres se han separado

A todo ese "mucho más" es a lo que nos referimos cuando decimos que tras la separación hay que conservar la estabilidad de su familia. Y eso son sus padres, porque su "nido" es el conjunto parental. El planeta puede derrumbarse, si un hijo conserva a sus padres, el resto no le importa, porque aún no lo tiene incorporado.

Hay muchas experiencias realizadas en laboratorio, en las que a un chico se lo coloca ante situaciones extrañas y cuando está con sus padres no presenta la menor alteración, al contrario sale a investigar y a divertirse con las cosas nuevas que encuentra. Pero cuando está sin sus padres reacciona mal a cualquier situación nueva. A partir de estas investigaciones y de la observación de las reacciones de los niños, hoy la ciencia cuando habla de las necesidades básicas de la infancia se refiere a la estabilidad afectiva. Para evolucionar y aprender cosas cada día, para ir armando y consolidando sus estructuras afectivas y cognitivas, el bebé y el niño necesitan un ambiente seguro y estable y esto sólo lo logra con sus afectos cerca, es decir sus padres.

Tal como estaba planteada, con la tenencia unilateral, la estabilidad no servía para generar chicos felices, pero si para alejar al padre. Durante años en pos de la estabilidad de los niños, para que no modificaran sus hábitos cotidianos se restringió al mínimo las "visitas" de su padre. Hasta se consideraba que esas visitas no eran positivas porque alteraban la cotidianidad del chico, eran vistas como una intromisión a la vida normal del niño, un escollo a su nueva vida. Cuando en los gabinetes escolares y en los de terapeutas particulares, empezaron a tratar los desequilibrios que presentaban estos niños privados de padre, comenzaron a ver que era muy cierto la necesidad de estabilidad, pero que se habían equivocado en los elementos que la constituían. Descubrieron que nada es más importante para un niño que la estabilidad afectiva. De nada sirve conservar las cuatro paredes de su pieza, la cama y la almohada, si a cambio pierden al padre.

Tras la separación lo que hay que preservar son los vínculos con ambos padres. Lo demás es absolutamente secundario, y mientras más pequeños son, más cierto es esto. Para el adolescente hay otras cosas que juegan en cuanto a su cotidianidad.


Las familias recompuestas agradecidas

Padres tristes y amargados por la ausencia de sus hijos. Esta situación anímica a veces le impide relacionarse sanamente con los hijos de una nueva pareja, por el dolor de la ausencia de los suyos. Él se pregunta: "¿Por qué estoy jugando con estos niños que no son míos, mientras los míos están vaya a saber donde?" .

Cuando uno ha tenido una relación muy estrecha con los hijos, el estar alejado de ellos es una tara terrible, tanto en lo laboral como en lo personal. Uno puede constituir una nueva familia y una nueva pareja pero siempre tiene un gusto amargo en el alma por esos hijos que se crían lejos. Si bien compartir la casa con hijos de otras parejas o matrimonios presenta sus dificultades, son preferibles a la herida abierta de tener sus propios hijos ausentes. Para los hijos es preferible también lidiar con nuevos hermanos o medios hermanos, y con la nueva pareja de papá o mamá, que perder a uno de sus progenitores.

No todos son inconvenientes al tener dos domicilios. El tener dos casas tiene también sus ventajas ya que amplia la vida privada de los chicos, son dos ritmos de vida diferentes, con situaciones y hábitos que no serán los mismos y esta riqueza de estímulos no puede sino ensanchar su inteligencia y su capacidad de adaptación. No son estos cambios los que van a desestabilizar o malograr la crianza de un chico y más si están contenidos por sus padres. También amplia su vida pública porque participa de la vida social de ambos y no de uno solo.


Cada padre es custodio del lugar del otro progenitor

La Crianza Compartida rompe con la lógica de un ganador y un perdedor en la pelea por la tenencia. Hoy los jueces empiezan a ver que el mejor padre es aquel que garantiza el lugar del otro. No es conveniente que ninguno desaparezca, que esté diluido, que uno intente hacer el rol de los dos o que busquen reemplazantes temporarios. Cada padre es necesario y sus roles se complementan. La presencia de uno, no le quita nada al otro, al contrario lo equilibra.

Algo tan común, como destructivo en las parejas desavenidas, es la mutua desvalorización del otro como padre, en general, sin otra razón que su fracaso como pareja. Lo que más necesita un hijo es tener a su padre y a su madre, entonces cada uno de ellos debe poner todo su esfuerzo en que el otro este presente. El "yo a mi hijo le di todo", debe empezar por no dejarlo sin el otro progenitor.


Desde la ciencia

Los estudios antropológicos muestran en la historia una gran diversidad de organizaciones del parentesco y de las funciones de los padres e incluso variaciones en considerar quién es padre o madre. Pero también encontramos siempre una curiosa y persistente presencia del modelo de "mamá, papá, hijos", más o menos como lo conocemos ahora.

Psicólogos, psiquiatras infantiles y otros investigadores observan que la Crianza Compartida está dando muy buenos resultados a pesar de su escepticismo inicial. Son estos profesionales los que han debido lidiar con las problemas que presentan los hijos de hogares destruidos y que han inundado sus consultorios en las últimas tres décadas.


Recetar padre

Decía el Pediatra y Psicoanalista Aldo Naouri, que sería ilusorio "recetar" padre, sin embargo soy de la idea que si bien algunas utopías nunca dejan de serlo, yo prefiero marchar hacia ellas y hacer todo lo que pueda para que la realidad se le acerque lo más posible. En nuestros países la Justicia Social es una utopía, pero yo no dudo en poner lo mejor de mi, personal, profesional y políticamente, para que cada día nos acerquemos un poco más.

Nosotros, sí podemos recetar "padre". Desde nuestra práctica profesional podemos advertir de los peligros de constituir voluntariamente hogares monoparentales. Cuando esa situación surge de la voluntad o de la falta de voluntad, de alguna de las partes, debemos poner todo nuestro esfuerzo, inteligencia y creatividad en que se revean esas posiciones y se entienda que para los hijos no hay nada mejor que ser criados por ambos padres, vivan o no bajo el mismo techo.

Creo que profesionalmente debemos estar preparados para hacer reflexionar a nuestros pacientes o clientes (en el caso de los abogados) a fin de procurar reconstituir el vínculo de los hijos con ambos padres.

Para ello debemos estar alertados sobre ciertas situaciones que pueden actuar como distorsionantes de la realidad en lo que expresa o piensa la persona que nos cuenta su historia.

La alienación parental, existe y ha sido ya reconocida en todos los ámbitos de actuación en relación a la familia. La "sugestión maliciosa", no solo actúa sobre los niños sino también sobre los profesionales, que desde distintos campos, tienen relación con el caso.

Por otro lado todos sabemos que muchas veces se asesora a las madres o a los padres instándolos a colorear, exagerar e incluso inventar situaciones a fin de provocar los resultados deseados por parte de la Justicia o de los servicios familiares estatales. Dichos deseos suelen estar ligados al dinero o a modificar la tenencia de los hijos. Esto tiene como consecuencia la eterna judicialización del conflicto, que los padres y a veces los hijos vivan a las corridas entre la comisaria, el juzgado, el estudio del abogado y el consultorio del psicólogo. En algunos casos se inicia una espiral de violencia nefasta para todos y con derivaciones impredecibles. Lo único predecible, en estos casos, es que esos hijos van a criarse en un infierno y que los padres se arruinarán la vida.

A veces nuestras posibilidades no son muchas, sobre todo ante conflictos de una complejidad y con un trasfondo inconmensurable, pero tengamos al menos nosotros en claro que en principio lo mejor es que el niño mantenga vínculos fuertes y significativos con ambos padres, no nos dejemos cautivar por el odio y el rencor que destruyó la pareja y terminemos siendo partícipes, con toda nuestra sapiencia profesional, en la destrucción del vínculo de los hijos con sus padres.

No hay que caer en la trampa de su discurso, es una constante que los que nos separamos tenemos tendencia considerar al otro como "de lo peor". Tras la separación es muy común que cada padre cuestione al otro, no sólo como cónyuge, sino también en sus cualidades de padre. Si él o ella están empeñados en que sus hijos no vean más al otro progenitor o a que lo vean lo menos posible, creo que -salvo los casos que objetivamente -lo justifiquen-, nosotros, no podemos formar parte de su artillería, porque nosotros, desde nuestra responsabilidad profesional, pertenecemos al equipo de los niños, de los hijos. Entonces debemos procurar que reflexionen y que se den cuenta de que su accionar va en contra de los intereses de sus propios hijos.

Creo que así como un médico siempre recomienda e insiste en que hay que hacer vida sana, tener una alimentación equilibrada y realizar actividades físicas constantes, para mantener el buen estado de salud; del mismo modo, nosotros pedagogos, psicólogos, terapeutas varios, abogados, trabajadores sociales, pediatras, debemos aconsejar que los hijos necesitan a ambos padres y que deben colocarse por encima de sus diferencias y de sus historias de amores y desamores, para crear un "área protegida" alrededor de sus hijos, dentro de la cual los hijos se reencuentren con el clima familiar que necesita su crecimiento.

Nosotros podremos estar más preparados o no para hacerles entender que deben separar su historia de pareja, de sus responsabilidades parentales, hacerles ver que ya no son conjugues pero que padres serán toda la vida y que sus hijos los necesitan juntos peleando por ellos hasta por lo menos que salgan de la adolescencia. Pero si no estamos preparados nosotros, para conducirlos por ese camino de reflexión, pues aconsejémosle un mediador, o un terapeuta especializado, que los ayude a salir adelante para que los hijos no sufran inútilmente y terminen perdiendo a uno de sus padres, cuando no a los dos.

Antes el hijo era una consecuencia del matrimonio, ahora en muchos casos el matrimonio es una consecuencia del hijo. Como decíamos al principio estamos frente a una situación en donde los casamientos van disminuyendo paulatinamente al tiempo que el vínculo matrimonial tiende a ser cada vez más débil, es decir a la primera de cambio se disuelve. Y como consecuencia directa de todo ello vemos que la cantidad de hijos creciendo con sus padres separados (ya sea por divorcio o porque nunca convivieron) va en aumento sostenido. No se avizoran cambios que puedan retrotraer esta tendencia, al contrario; la misma situación de pobreza, cuando no de marginalidad, de nuestros países, no hace sino incrementar esta situación y sus consecuencias negativas para los niños.
La sociedad en su conjunto y principalmente el Estado debe hacer esfuerzos prioritarios en lo que denominamos la RESOLUCION ALTERNATIVA DE CONFLICTOS. La mediación, no solo permite aliviar los atestados Tribunales de Familia y de ahorrar millones de pesos de presupuestos judiciales siempre escasos, sino que fundamentalmente permite llegar a acuerdos en menor tiempo y con menos daño para las familias. Sólo lo del tiempo, cuando se trata de menores, ya es un elemento decisorio, pero si además le permite no perder a ninguno de sus padres, es lo ideal.

Los niños frente a estas situaciones de matrimonios o parejas que se disuelven y que entablan una batalla campal, no pueden hacer nada, y aunque se lo propongan, que de hecho lo suelen hacer, no tienen cómo ayudar. Sólo les queda ver como su mundo, todo lo que era importante para ellos, se destruye, explota, desaparece. Sienten que son lanzados en un tobogán sin barandas y que no saben adonde termina. Dejan de ver a su padre, su madre se pone loca, o llora todo el día, etc. Ellos son los que más sufren la situación, pero no pueden hacer nada.

Los mismos padres a veces no pueden salir del círculo vicioso en que están, pero estar demasiado enfrascados en sus rencores. De ahí que nuestra responsabilidad como terapeutas, auxiliares de justicia, profesionales, académicos, está en poner todo nuestro empeño, nuestra inteligencia y nuestra imaginación en ayudar a romper esos círculos viciosos, en desarmar esas espirales de violencia y tender una mano para que recomiencen su historia y puedan generar un ámbito de paz y cooperación parental que permita a sus hijos crecer sanos y felices, que es lo que todo niño necesita.

No es fácil, no es simpático, corremos el riesgo de perder pacientes y clientes. Todo ser humano prefiere que no los contradigan y que le sigan la corriente, pero creo que el verdadero destinatario de nuestro accionar profesional son los hijos, aunque el que este frente a nosotros sea alguno de sus padres.

Desde mi punto de vista la Crianza Compartida es el mejor instrumento para que los hijos conserven un vínculo fuerte con ambos padres, cuando éstos viven separados. Esto significa que los padres, más allá de sus historias de amor, se hagan responsables por igual de sus hijos. Los problemas que surjan, propios de la crianza o por vivir en distintas casas, se podrán superar si privilegian el amor por los hijos y se comportan como adultos, que es lo que esos hijos necesitan. Esto, que parecía una utopía, nació de los mismos padres que entendieron que seguían siéndolo aunque hubieran terminado como pareja, pero muchas veces se ha hecho realidad gracias a la intervención de distintos profesionales que han sabido guiar a la pareja hacia una solución pacífica y saludable del conflicto. Ese es nuestro desafío, no será fácil pero les resultados son muy buenos.

Jorge Luis Ferrari
Noviembre de 2006


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Sitios Web
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http://ayudaafamiliasseparadas.fiestras.com Sitio de la Asociación Gallega de Padres y Madres Separados, en donde encontrarán, artículos, bibliografía, foro, sentencias judiciales, etc.

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http://www.geocities.com/papahijo2000/menu.html Sitio Chileno con valiosos documentos y artículos sobre tenencia compartida, paternidad, etc.

http://www.serpadre.org Sitio del libro "Ser padres en el tercer milenio" y de la "Libreta de paternidad".



* NOTA:
Lic. Jorge Luis Ferrari: nació en Mendoza, Argentina, en 1955. Inició sus estudios en Sociología en la Facultad de Ciencia Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, siendo expulsado por las autoridades universitarias que asumieron tras el golpe militar de 1976. Continuó sus estudios en Francia, obteniendo la Licenciatura en Ciencias de la Educación en la Universidad de Toulouse y la Maestría en la de Burdeos. Ha ejercido la docencia en la Escuela de Formación Docente perteneciente a la Universidad Nacional de Cuyo. Ha tenido intensa actuación en la vida social y política de su país. Fue Concejal de la Ciudad de Mendoza y actualmente es Jefe de Redacción del Foro de mi Ciudad. (www.forodemiciudad.com.ar) Desde hace más de una década investiga sobre la problemática familiar y específicamente sobre el rol del padre varón. Es autor del libro "Ser padres en el tercer milenio", de la "Libreta de Paternidad" y del sitio www.serpadre.org. Participó en calidad de conferenciante en el Congreso de Familia organizado en noviembre de 2004 por la Universidad de Bío Bío (Chile) en las Termas de Chillán. En Diciembre del 2004 participó en la Reunión de Santiago de la Federación Iberoamericana de Padres y fue uno de los expositores en el Congreso Internacional de Familia, realizado en la Ciudad de México en agosto del 2006. Colabora en diarios, revistas, emisiones de radios, y sitios web relacionados con esa temática. Es padre de Brenda de 17 años y de Ramiro de 4 años.