Buenos Aires
Para los estudiantes secundarios, sobran razones para violar las leyes
El 96 por ciento de los porteños cree que la corrupción es grave o muy grave

"Si los adultos no cumplen las leyes, ¿por qué habríamos de cumplirlas nosotros?" Es el razonamiento que guía las conductas de los adolescentes porteños.

La mayoría de ellos afirma que las leyes se pueden violar porque nadie las cumple ni las controla y que en el país se respetan muy poco los derechos de los ciudadanos. Para el 96 por ciento de los jóvenes, el fenómeno de la corrupción es percibido como muy grave o grave tanto en ámbitos privados como públicos.

Así lo registró un estudio de opinión pública sobre ciudadanía, ley y corrupción realizado entre 1800 estudiantes de los tres últimos años del nivel medio de 18 escuelas porteñas.

La investigación, financiada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la embajada británica, fue encargada y coordinada por la Oficina Anticorrupción (OA) y se publicó con el título Resetear la sociedad. Ideas de los jóvenes sobre la corrupción.

Sus resultados confirman la percepción que tienen los adultos sobre la gravedad de la corrupción en el país según los datos del Barómetro Global de la Corrupción 2007 de la organización no gubernamental (ONG) Transparencia Internacional, publicado ayer por LA NACION.

El estudio de opinión de los jóvenes, realizado por la OA, se inserta en un proyecto de educación en valores de largo alcance de esa oficina.

El director de la investigación, Gustavo Gamallo, contó a LA NACION que los 1800 jóvenes respondieron cuestionarios anónimos entre julio y septiembre del año pasado y más de un centenar participaron de 11 grupos focales de discusión sobre la ley y la corrupción.

Algo más del 70 por ciento justifica, por las razones que fueren, la transgresión de la ley. Este dato, dicen los investigadores, evidencia que para ellos "sobran razones para justificar la ilegalidad". Ir contra la ley es justificado por el 35,7 por ciento de los estudiantes por distintas razones: "no se sancionan las infracciones", "no se garantiza su cumplimiento", "nadie las cumple" y, según el 30 por ciento, "cuando alguien tiene una necesidad urgente".

Ellos mismos respetan muy poco las normas. Invitados a poner un puntaje según una escala similar al modelo de calificación usado en el sistema escolar (1 como nota mínima y 10, la máxima), adjudicaron un 4,50 al respeto de los jóvenes hacia las leyes.

Y no es por desconocimiento. "Conocen las leyes, pero el deseo de obtener ciertos fines es más fuerte que los comportamientos regulados por ellas. No dicen que son injustas, sino que no quieren cumplirlas", dijo Gamallo.

La calificación también fue baja para la medida en la que en el país se respetan los derechos de los ciudadanos. Le pusieron un 4, apenas un punto por sobre el aplazo.

Además, el 68 por ciento considera que los argentinos no son todos iguales ante la ley, y el 65 por ciento afirma que en el país no hay un acuerdo sobre lo que está bien y lo que está mal.

El papel de la escuela

La responsabilidad en la formación de los valores y pautas de comportamiento de los jóvenes recae, según ellos mismos, en la familia y sus experiencias cotidianas o con amigos. Sólo en cuarto puesto califican a la escuela como institución decisiva en su formación.

Los chicos tampoco diferencian mucho la escuela de la casa o de los lugares de divertimento en cuanto al grado de respeto a los derechos de los ciudadanos. Las calificaciones asignadas para las opciones sugeridas son casa (7,84), escuela (6,57), lugares de diversión (6,24) y vía pública (5,01).

Además, las escuelas no parecen estar preocupadas por la corrupción. El 63% de los entrevistados no participó de charlas o actividades vinculadas a la corrupción en los últimos dos años.

Al indagar sobre infracciones "menores" habituales en la experiencia cotidiana de los jóvenes de la edad de los entrevistados, un 90% de ellos admitió que compra CD ilegales o "truchos" y se copian en los exámenes. Y un 60% declaró que alguna vez se quedó con vueltos que no le correspondían.

Para Gamallo, el débil apego a la ley que reflejan los jóvenes es el mismo expresado por los adultos en otros sondeos. "Están mirando a los adultos y repiten que si los grandes no cumplen la ley, ¿por qué deberían hacerlo ellos?", explicó, y agregó que los estudiantes argumentan que no tienen ejemplos válidos de comportamientos que regulen la vida social. No perciben la ley como un mecanismo de protección, sino como "pura formalidad que puede ser transgredida sobre todo por quienes están en situación de poder, como los policías y los docentes".

Según el investigador, es positivo que sean conscientes de que esta situación es un problema. Sin embargo, dijo, "no se ven a sí mismos como agentes de cambio".

Los resultados del estudio describen, según Abel Fleitas Ortiz de Rozas, de la OA, una "cultura de la corrupción", es decir, reglas no escritas que provocan el repudio o la marginación de quien actúa honestamente.

Por Silvina Premat
De la Redacción de LA NACION
Viernes 7 de diciembre de 2007


www.serpadre.org.ar