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Vida Familiar, Vida Laboral y Políticas
Públicas: ¿conciliación posible?
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Nelson Zicavo Martínez RESUMEN INTRODUCCIÓN Constitución y tipos de familia. Si bien la Constitución señala que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad, y el Estado debe protegerla y propender a su fortalecimiento creemos que esta es aún una tarea pendiente pues en pocas oportunidades se alcanza el logro tal misión, y a menudo se llevan a cabo políticas de familia que benefician a alguno de sus integrantes pero no a la institución familia como un todo. Por otra parte, es necesario precisar que no existe sólo un tipo de familia sino que estas son variadas y múltiples. Entonces, cuando la constitución señala lo anterior ¿a qué tipo de familias se está refiriendo? ¿a todas ellas o a algunas en particular? La familia tradicional sigue siendo la realidad predominante en Chile: según el Censo 2002 , las familias nucleares biparentales constituyen el 58% de los hogares. Sin embargo otros tipos de familias crecen en proporción, significación y validación social (nuclear monoparental, biparental extensa, etc). Estoy convencido que el Estado NO debe promover UN MODELO de familia específico, pensar siquiera en esta posibilidad resulta de por sí aberrante. El estado debe promover LA FAMILIA en general así como su funcionalidad familiar, sea ésta cual fuere. Es realmente vital para la familia que el Estado vele por esta institución desde sus normativas más generales. Las personas deben poseer el derecho y la libertad para vivir de acuerdo a sus deseos, afectos, cultura, motivos y necesidades, pero respondiendo con un alto sentido social a las responsabilidades que asumen. No estoy planteando un libertinaje absoluto, creo que debe haber, existir un orden, el orden que la propia familia crea que le es funcional en completa armonía con los derechos de las personas, sus normas y valores de la realidad y sus derechos ciudadanos. Pero no un orden impuesto por entes estatales distantes. Este orden debe ser asignado y resignificado por sus propios integrantes, encontrando el camino propio a cada uno de ellos, de común acuerdo y en concordia con el grupo que integran y atendiendo la cultura, la sociedad y la región que pueblen. Naciones muy ricas en capital y desarrollo social (los países Nórdicos por ejemplo) han sabido invertir en educación y naciones pobres con visión de futuro (Cuba por ejemplo) tienen indicadores en salud y educación semejantes a aquellas naciones europeas. Distribuir con equidad invirtiendo en educación y familia parece ser una de las claves del desarrollo y los altos indicadores de que gozan. Sus políticas públicas homogéneas y atendiendo a la intersectorialidad marcan el rumbo de las sociedades latinoamericanas en vías de desarrollo. Claro está también, que los indicadores de las grandes cifras abstractas no siempre reflejan bienestar y equidad de la población. CONCILIACIÓN DE LA VIDA FAMILIAR Y LABORAL En Chile las acciones llevadas a cabo por distintos organismos, institutos y organizaciones sociales han logrado alcanzar y defender proposiciones y metas ineludibles en el desarrollo social, nos referimos a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres para acceder y sobre todo para permanecer en el mercado de trabajo y los derechos legales, civiles y ciudadanos. Aún así se estima que las mujeres obtienen un 30 % menos de remuneración que el hombre en igual puesto de trabajo e igual capacitación . Resulta imprescindible tener en cuenta en esta dirección, que el desarrollo social se avizora prometedor si se redimensionan y alcanzan las proyecciones de equidad social futura, de lo contrario se estancará el progreso (del cual tanto nos enorgullecemos regionalmente). Debemos entonces estar alertas sobre la necesidad de continuar trabajando en función de la equidad de oportunidades y el desarrollo pleno de las potencialidades de cada uno de los miembros de la familia y de ésta como un todo indivisible. En este mismo sentido, a menudo se identifican las políticas de conciliación con políticas de mujer, a través de la no discriminación laboral y el apoyo, ayuda, colaboración hacia ellas con los compromisos familiares para que puedan participar en el mercado laboral. ¿De verdad creemos que la conciliación laboral solo se debe abarcar desde la perspectiva de la mujer? O será que todos los miembros de la familia están involucrados, así como también lo están todos los actores políticos, organizaciones e instituciones sociales. Como señalara López (2005) "Las políticas de conciliación familiar y laboral no son políticas de mujer, aunque si se implementan bien, pueden ser instrumentos muy útiles que ayuden a avanzar en la no discriminación y en la igualdad de trato. Las políticas de conciliación son políticas de familia y por ello deben ser tratadas desde una perspectiva mas amplia". Hay que incorporar a su análisis, además de los derechos de la mujer, otros derechos, como los de las personas dependientes que viven en familia: el derecho de los hijos a ser cuidados, educados y atendidos por ambos padres y el derecho de los ancianos a permanecer, en las situaciones en las que esto sea posible, bajo el cuidado de sus familias. "Así las políticas de conciliación deben ser consideradas como el paradigma de la defensa de los derechos familiares". Cuando hablamos de familia, no solo aludimos a los distintos tipos incluyendo aquí los que siempre han sido excluidos vistos como minorías casi "raras", sino que además creemos que la responsabilidad de su conformación teniendo o no hijos, cuidar de sus miembros y educarlos, es responsabilidad exclusiva de la propia familia. La sociedad y los diferentes poderes públicos deben socorrer, velar y colaborar con la familia en el cumplimiento de sus funciones, pero bajo ningún concepto entiendo conveniente que se promuevan políticas públicas que se inmiscuyan o la sustituyan, excepto en aquellos casos en que ésta no pueda desempeñar adecuadamente sus funciones (ausencia de los padres, abuelos... por estar recluidos o fallecidos, etc). En consecuencia las políticas públicas que promueven la separación de los padres con sus hijos, bajo la figura que sea, no es en ninguna medida o dirección una política saludable, adecuada y recomendable. No resulta aconsejable que las políticas públicas de conciliación de la familia y la vida laboral, se identifiquen con políticas públicas de mujer, de infancia, de la tercera edad, de tratamiento de adicciones. El beneficiario de las políticas públicas no es un individuo aislado sino que debe ser la familia como un todo en sus múltiples interrelaciones e interdependencias, por lo que además sus derechos van más allá de los derechos particulares de cada uno de sus integrantes. Resulta inalienable que las políticas de familia deben proteger los derechos de todos y no los de algunos de sus integrantes, cada uno de de ellos también son "familia" y donde falte uno esta responde como un todo, enfermando o su opuesto. El empoderamiento de diferentes actores miembros de la familia, constituye el principio básico de futuras acciones socialmente equitativas. Sin embargo, las mujeres en general y de sectores más humildes en especial, a menudo son las encargadas del cuidado y educación de la familia en general y de los hijos en particular, del acceso a los cuidados de salud, del cuidado de los ancianos, de otras mujeres mayores o menores, en fin, la sociedad insiste en verlas como las depositarias naturales, cuando en realidad sólo son roles asignados socioculturalmente. Por esta razón, se genera una sobrecarga absurda del rol femenino en función del bienestar familiar como si a la mujer le correspondiera de manera "natural y biológica" (y fuera su obligación indiscutible) ser la guardadora y protectora de todo lo que se mueva bajo el hogar. La inequidad parece asomar solapada tras un discurso de participación y apertura de espacios al mundo femenino. Debemos estar alertas ante lo que aparece nuestra vista como nobles intentos de inclusión, cuando en realidad generan disparidad e inequidad. La protección y resguardo del derecho de la mujer a acceder, permanecer y desarrollarse laboralmente en igualdad de condiciones que el hombre resulta de vital importancia para el desarrollo social de Chile y de cualquier país que desee evolucionar, pero también lo es el derecho de los hijos a ser educados por ambos padres estén estos o no separados y por los abuelos maternos y paternos, así como el derecho de los adultos mayores a ser atendidos por sus familias . De la misma manera se encuentra en juego el derecho de los individuos integrantes de la familia (cualquiera sea su tipo) a tener tiempo para el esparcimiento y el relax, sin que el trabajo asalariado los esclavice aislándolos del seno comunicacional y afectivo de su hogar, ya que en incontables ocasiones la estabilidad económica tan anhelada (con sus larguísimas jornadas laborales) termina por socavar la estabilidad afectiva de la familia por no encontrar espacios para el descanso y el "compartir" colectivo; culminando un proceso de "vivir" durante años sin involucrarse ni conocer con quien están o dicho de otro modo, vivir sin estar. Si deseamos padres más cercanos y afectivos porque esto garantiza el desarrollo armónico de los hijos, debemos entonces promover mayor cantidad y calidad de tiempo de los adultos con los niños, porque de esto dependerá el apego, el conocimiento mutuo y el aprender a convivir, a tolerar, a ayudar y apoyarse mutuamente entre los integrantes del núcleo familiar. Cuando no hay permanencia, esta hermosa labor parece recaer en quien queda al cuidado y tuición permanente de los hijos, y esta a menudo es la madre, porque al hombre se le asignada la función proveedora desde las políticas públicas estables y desde el imaginario psicológico social. Nadie duda -son pocos quienes osan hacerlo- cuando hay que cuidar a un enfermo en el hospital o en la casa quién es el que se debe quedar a su cuidado y quien marcharse al trabajo. Como vemos el diseño de las políticas públicas de familia afectarán tarde o temprano económicamente el seno de la familia. Pero no solo las decisiones que toma el estado respecto de sus políticas públicas hacia la familia la afectarán esta, sino que también en el sentido inverso todo lo que ocurra dentro de la vida privada de la familia inevitablemente se verá reflejado, tarde o temprano en la sociedad. Creemos que las decisiones tomadas en el seno de la familia y las tomadas en el seno del estado poseen una fuerte interrelación. Se afectan e influyen recíprocamente. De las decisiones de ambos se derivarán importantes efectos económicos y sociales que influirán a la sociedad como un todo. Si esta tesis fuera tomada en cuenta tal cual como aquí es planteada, entonces para lograr un equilibrio económico mantenido el tiempo deberíamos aceptar que el capital humano es la clave, es imprescindible intentar lograr un equilibrio entre el tiempo dedicado a las labores productivas y el tiempo dedicado al desarrollo del apego familiar, y los vínculos intrafamiliares. Por lo que la necesidad de contar con políticas públicas de familia y especialmente políticas públicas de conciliación laboral y familiar es de trascendental importancia e inevitablemente influirá en las proyecciones sociales, culturales y económicas del país. La familia desempeña un rol fundamental para la cohesión social; sin lugar a dudas ha sido y seguirá haciendo el primer lugar de socialización de las personas desde que nacen. Si hay alguna institución que invierte en capital social, en capital humano, esa institución se llama familia. Invierte también en valores que serán trasladados a la sociedad como las normas y valores morales que rigen el medio en el que se desenvuelven las personas. La solidaridad, la tolerancia, el respeto por los demás, la colaboración mutua, el trabajo en equipo, o en su extremo opuesto la indiferencia, el egoísmo, individualismo, serán los valores que se proyecten a escala social. Y esto sin duda que merece nuestra atención y la atención del estado en cualquier país que busque el desarrollo. Respaldo a la FAMILIA Si revisamos las diferentes políticas emanadas de los organismos del estado no es raro encontrarse numerosas referencias a la necesidad de incorporación de la mujer al trabajo, de búsqueda de equidad en condiciones salariales y en condiciones laborales. El Ministerio de Trabajo en Chile en el último período ha logrado demostrar que las mujeres perciben el 30% menos de remuneración que el hombre en igual puesto de trabajo y con igual capacitación, lo cual no es menos importante, y por cierto que demanda de la ocupación de todos quienes podamos. Pero la pregunta que para mí reviste vital importancia, es si la conciliación de la vida familiar y laboral pasa únicamente, o al menos primariamente, por lograr un instrumento para avanzar en la igualdad del trato entre hombres y mujeres (lo cual considero de básica importancia y necesidad). Resulta evidente que los últimos años la incorporación de la mujer al trabajo ha tenido una fuerte influencia en la conciliación entre la vida laboral y familiar jugando un papel clave en ese proceso; pero no menos cierto es que si redujéramos las políticas de conciliación a políticas de empleo femenino estaríamos generando un reduccionismo simplista que no acaba con el conflicto entre vida laboral y la necesaria y afectiva vida familiar. La incorporación de la mujer al trabajo ya no reviste dudas, sin embargo se han alzado algunas voces destempladas planteando que esta realidad está dejando desprotegida la familia ya que su principal guardadora no se encontraría presente. Por supuesto que no concilio con la anterior idea, sin embargo dentro de cualquier oscuridad puede hallarse algo de luz, y ésta reside precisamente en que todos los esfuerzos que realice el estado y sus instituciones no deben dirigirse a una política de conciliación de uno de los miembros de la familia, sino de todos, incluyendo necesariamente también al hombre. Incorporar al hombre como acción ineludible de tal conciliación requiere en primera instancia de concebirlo, no como el proveedor que siempre ha sido desprovisto de cercanía y afectividad, al cual sólo le ha correspondido llevar el sustento cotidiano y en el cual muchos hombres terminan por acomodarse (o algunos incomodarse ) a esta realidad ineludible. La ley en Chile prevé para un padre con un hijo recién nacido, cinco días de licencia postnatal legal, y esto sin duda constituye un avance indiscutible con los cero días que poseía anteriormente. La duda que nos surge es si en realidad estos cinco días contribuirán a una mayor participación en la crianza y guarda de los hijos/as así como una mayor participación y reparto de las labores domésticas de las cuales deriva tal proceso. Imaginar poseer tres meses de licencia masculina postnatal sin duda resulta una utopía -en estos momentos- impensable. Sin embargo siento en lo personal que las utopías me generan una atracción apasionante y creo que esa fantasía en algún momento, las políticas públicas tendrán que acogerla y pasarán a ser una necesidad cotidiana y el faro orientador de los nuevos rumbos familiares. La perspectiva de la política pública centrada exclusivamente en la mujer o de forma preferente en ellas, de alguna manera excluye la participación de los otros miembros de la familia, es por esto que debemos lograr la inclusión de la mayor cantidad de actores, o miembros de la familia posibles en búsqueda del equilibrio adecuado entre la vida laboral y la vida familiar. Es imprescindible que la sociedad y el estado comprendan, que tanto los padres y las madres pueden y deben ejercer su derecho básico al trabajo y al cuidado de sus hijos. A que éstos sean educados y cuidados por ambos padres, esa es la principal responsabilidad que tienen con la descendencia tanto uno como el otro, y seguirá siendo el rol decisivo para proyectarse en una sociedad medianamente sana. Urge entonces el diseño de políticas efectivas e incluyentes de todos los miembros de la familia en la conciliación de los tiempos que ya no son tan privados como se creía antes. No debemos olvidar ni por un segundo que nuestro país envejece progresivamente y que según las estadísticas más alentadoras apenas en 20 años más tendremos una población mayoritariamente de adultos mayores. ¿Seremos capaces de entregarles a los actuales jóvenes las herramientas necesarias para formar una familia sana, sea ésta del tipo que sea? Debemos reconocer que nuestra tasa de crecimiento se encuentra un progresivo deterioro, y que además contamos con un territorio inmensamente despoblado en las zonas rurales y con altas densidades poblacionales en las zonas urbanas. Sin embargo, las parejas actuales no desean más que uno o dos hijos por la evidente dificultad que supone su crianza, guarda, custodia y manutención, comenzando a amenazarnos el fantasma europeo de la carencia del recambio generacional. ¿El estado estará llevando a cabo las políticas correctas de protección a la familia?, ¿por qué razón las parejas actuales tienen menos hijos y en edades más tardías?, ¿será posible la hipótesis de que las políticas públicas no están respaldando lo suficiente a la familia como institución básica de la sociedad, y sólo están abordando a personas aisladas sin tener en cuenta el todo? En esta proyección, es que no resulta suficiente (aunque sí necesaria) toda política que promueva la equidad del trato de género. Es necesario ir más allá, es necesario buscar la conciliación para apoyar a la familia como un todo, ya que en su seno se desarrollan tareas, aprendizajes, desarrollos que permiten que la sociedad se nutra de ellas y se perpetúe. Si coincidimos en este aspecto, resultará imprescindible ayudar a las familias desde que los hijos nacen y durante todo su desarrollo. Pero también resultará necesario apoyarlas cuando no posean hijos, ya que la unión de dos personas por sí misma constituye una familia. Debemos apoyar la familia porque de ella dependen muchas personas, las que carecen de independencia por su corta edad, personas enfermas, personas de la tercera edad, personas con handicap transitorios o permanentes; porque nadie realiza mejor la tarea de cuidados, desarrollo, y protección de sus miembros que la propia familia. No existe institución alguna que supla la necesaria labor armoniosa de la familia funcional. En el Chile actual nos enorgullecemos del desarrollo económico que nos permite hacernos ver ante el mundo como un país floreciente en vías de desarrollo y sin embargo la distribución de la riqueza con la que contamos es escandalosa y vergonzosamente desigual, donde algunas personas pueden llegar a ganar desde 10 y hasta 30 veces más que otras. Por eso, poner el acento en el crecimiento del empleo y en el crecimiento económico resulta tan pernicioso (casi obsceno) como pretender un país desarrollado en una sociedad que no promueve el desarrollo armónico de la familia, que no promueve el apoyo necesario a la conciliación entre trabajo y familia. Al menos debiéramos realizarnos la pregunta si es posible "mostrar" desarrollo económico sin revelar desarrollo social, sin promoción del desarrollo de la familia. mmmmmmmmm Debemos reconocer con meridiana claridad la importancia del rol de la familia en Chile para intentar el logro de la solidaridad intergeneracional y disminuir aquella brecha, ya que los Adultos Mayores pronto (para el 2020) serán una realidad que sobrepasará el 40 % de la población y que no se encuentran incluidos en políticas públicas claras dirigidas a la Familia como un todo integral, si como sector independiente y esto nos puede traer problemas impredecibles pues actualmente mostramos una tendencia al descenso de las variables demográficas que debemos pensar y planificar cómo revertir. En este comino se debe intentar el análisis y conocimiento de la situación de las nuevas parejas y familias en Chile (en el Cono Sur Latinoamericano), sus dificultades de acceder a una vivienda digna, la situación de las familias de nuevo tipo en aumento, los beneficios sociales a los cuales pueden acceder (o su carencia) y los cuidados en salud que les permiten proyectarse como célula básica de la sociedad en el futuro. Por otra parte el cuidado de las personas dependientes debe asumirse por la familia pero atendiendo políticas de respaldo equitativo a tales funciones. No podemos abandonar a cada familia a que estructure a su suerte estas protecciones, porque en última instancia es un deber moral de retribución social para con quien le brindó sus mejores años productivos física y psíquicamente. Estoy convencido que nuestras familias Chilenas debieran tener la descendencia que deseen con atención a su adecuación socioeconómica, su situación de vivienda y a sus deseos. Observamos en sectores humildes, familias y mujeres que se "cargan" de hijos reproduciendo pobreza sin límites sin poder ofrecerles un futuro digno. Y parejas de jóvenes con ingresos medios que postergan su unión y el inicio de la paternidad en función de sus proyecciones personales. Creo que no debemos "controlar" la natalidad pero si generar equidad en los ingresos económicos, información y educación en función de una paternidad consciente y responsable. El crecimiento de Chile lo vemos asociado al crecimiento, desarrollo, educación y equidad de nuestras "cunas", no puede haber crecimiento con "cunas" fuertemente desiguales, y esto sin dudas es un inmenso desafío para las autoridades públicas Creemos que un Ministerio de la Familia pudiera actuar de nexo imprescindible logrando concentrar y potenciar los trabajos y voluntades independientes bien intencionadas pero insuficientes cuando no se articulan homogéneamente como sistema interdependiente.
Creemos necesario iniciar un amplio debate nacional que atienda a la Familia como un todo y no a cada uno de sus integrantes como un ser aislado pero dicotomicamente unido a la sociedad (niño, adolescente en riesgo, embarazo precoz, joven, adulto mayor, etc ) el enfoque debe ser general y abarcador, no excluyente. Tener en cuenta las partes del todo implica abordar el todo como sistema mutuamente influyente. Por lo que resulta imprescindible: " Establecer y promover políticas públicas familiares integrales, abordando la realidad Chilena en su múltiple diversidad familiar y facilitando la solidaridad intergeneracional. " Promover buenas prácticas de conciliación de la vida familiar y laboral, adecuado amparo de niños que así lo necesiten; protección y desarrollo del adulto mayor y de personas dependientes, etc. " Marchar en post de reconocer a la mujer embarazada, los niños y los adultos mayores no como "cargas" sociales o económicas, sino como actores indispensables en el desarrollo de la sociedad actual; implementando entonces políticas que fortalezcan el rol, presencia e importancia social que de ellos emana. " Reconocer (y retribuir) que los adultos mayores son los principales transmisores de la cultura y de las tradiciones de un país y son por tanto una pieza clave en el desarrollo social. " Trabajar en la creación de un proyecto de agenda socioeconómica de la familia chilena que marche en post de la consecución de equidad, desarrollo sostenible, protección debida y buenas prácticas de cuidado y progreso familiar. El futuro de Chile (o de cualquier país que piense en cimentar su desarrollo), su crecimiento económico, estabilidad social, y bienestar poblacional, hacen imprescindible la adopción de estrategias de políticas públicas a favor del desarrollo de la Familia.
En el Chile actual considero imprescindible tener en cuenta algunas acciones que constituyen tareas pendientes para el logro del desarrollo familiar y social, a saber: " Debemos implementar un sistema de respaldo y beneficios sociales
plurisectoriales (incluyendo los tributarios) a familias con más
de dos hijos. Poseer varios hijos en edad de crecimiento posee implicancias
socioeconómicas no previstas en los planes de protección
actual (por ejemplo se pudiera fomentar e incrementar la figura de Guardadoras
Familiares con protección social y aumentar la cobertura pre-escolar). ¿QUÉ HACER Y QUÉ NO CON LA FAMILIA? Lo que no debe hacer el estado con la familia " No debe interferir en su autonomía, la familia tiene el derecho a elegir su propio rumbo, sin embargo tampoco puede ser indiferente, negligente ante lo que en ella acontece (maltrato, violencia, discriminación, abusos). " No debe sustituir a las familias pues son irremplazables (la institucionalización a demostrado ser un mecanismo de pobrísimos resultados, solo deseable en últimas circunstancias). " No debe beneficiar la seguridad en desmedro del afecto. No debe anular ni sustituir el rol que corresponde a los padres y madres (o a los tutores) en la formación, desarrollo y educación de sus hijos. La madre y el padre son igualmente necesarios e insustituibles. ¿Qué es lo que el estado puede y debe hacer por las familias? " Proteger a la familia pues es el ambiente propicio para el desarrollo humano. Tomar en cuenta no solo la opinión de la mujer, sino también del hombre, adulto mayor, niños, adolescentes y jóvenes: los actores de la familia. Los niños también son personas por más pequeños que estos sean. " Promover la responsabilidad ante la conyugalidad y la descendencia si la hubiera. " Debe abordar en sus políticas públicas el enfoque de familia pues permite trascender las visiones fragmentadas que consideran los derechos de los niños y niñas, de las mujeres, adultos mayores o personas con discapacidad, fuera de su contexto familiar, que es el primer espacio donde la equidad debe manifestarse. " Promover y proteger este espacio de crecimiento y bienestar de todos sus miembros, y en particular de los niños y niñas. Por lo que entonces cómo nos explicamos viviendas "progresivas" de 30 mtrs. cuadrados? " Promover estilos de vida basados en las responsabilidades familiares compartidas así como el respeto a la dignidad y promoción de cada uno de sus miembros. " Promover el acceso a oportunidades económicas como un derecho indispensable para reducir la inequidad y la exclusión social. " Con un enfoque de familia, deberían plantearse las políticas salariales, de trabajo, de salud, de nutrición, de vivienda, de desarrollo de capacidades humanas. " Debe abordar la conciliación entre vida familiar y vida laboral, sin tener que optar entre una u otra. " Las políticas de conciliación familiar y laboral no son políticas de mujer, son políticas de familia y por ello deben ser tratadas desde una perspectiva mas amplia. Las políticas de conciliación deben ser consideradas como el paradigma de la defensa de los derechos familiares. Son políticas públicas cuyo sujeto beneficiario no es un individuo, sino la familia, entendiendo que ésta es una unidad por si misma, que aporta a la sociedad mucho mas que lo que aporta la suma de sus miembros y por tanto sus derechos van mas allá de los derechos individuales de cada uno de ellos. " Facilitar la solidaridad intergeneracional, los que ya aportaron pueden seguir aportando en aras de su felicidad y al de los que le rodean (no son cargas) me niego a permitir tal acento.
Bibliografía Vygotsky, L. S. 1977. El desarrollo de las funciones psíquicas superiores. La Habana: Pueblo y Educación. Censo 2002, INE, Edit. La Nación S.A. López, M.T. 2005. Las políticas de Familia. Universidad Complutense de Madrid.
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